lunes, 6 de abril de 2009

Un dios me hizo mujer un viernes

Me di cuenta… pude reconocer el dedo bendito rozándome un hombro… la luz de la divinidad… fue en plena calle… temprano, pasadas las 9:30 de la mañana… noté ese impulso, ese calor… ese toque de magia que a veces te da, simplemente, dejar terminadas cosas pendientes… asignaturas suspensas contigo misma… sentí el motor de la adrenalina… una sensación mística de energía… de ganas de sonreír… todo el mundo debía darse cuenta de mi momento religioso… o eso me pareció a mí… todo el mundo me miraba, o eso creí yo… y yo, tan sólo, me rendía a la evidencia… había traspasado la línea de la inmortalidad de la manera más tonta…

Ese dios que me hizo mujer un viernes me creó en ese preciso momento… pisando la calle Fuencarral… con los pies puestos sobre el sucio asfalto de Madrid… en una mañana de sol de abril… después de una noche de luna creciente… me creó recordándome todo lo que era en mi vida anterior… definir anterior sería tan eterno como el tiempo, me dijo ese dios al oído… no te preocupes, añadió, sigues siendo la misma pero diferente… miras al horizonte, me dijo riéndose de mí… y eso ya es un gran don… sonreí… me reí… mi noche había llegado a su día… y para mí, pese a lo peculiar de la luz de ese sol, seguía siendo ayer…

Caminando por Fuencarral, ese dios se sentó a mi lado en un banco… yo tan sólo buscaba los cascos de mi iPhone –puto iPhone- para escuchar música… él decidió contarme cuál era mi misión… el por qué de elegir crearme en ese momento, de esa manera… mientras caminaba por la calle, sin más… ese dios era el de la confianza, el extraño diosecillo que se crea con una rencilla menos contigo misma… era algo personal, me decía… y elegiste bien el camino… me río… me suena a clase de religión del colegio… pero es curioso… sea cual sea el dios, ya sea un diosecillo de viernes, todos conllevan caminos… elecciones… momentos que cambian tu propio destino, de la manera que sea… aunque únicamente lo hagan dentro de tu mente, es más que suficiente…

Seguí caminando escoltada por ese dios que me hizo mujer… un dios que me recordaba la extraña pero familiar sensación que tenía… la de sentirme jodidamente viva… malditamente viva… maravillosamente viva… curioso verdad?, me dijo el pequeño dios que me hizo mujer… a veces la vida tan sólo consiste en creer, me susurró, que no se te olvide… en mis oídos, Fito… me río… casualidades de la vida… recuerda siempre lo que eres sobre todas las cosas, me dijo… una mujer… sin más, sin menos… ideas, sueños, instintos… sonrisas y lágrimas… eres fuerza, das vida… eres una vida… eres lo que eres... formas parte de una extraña hermandad... de un peculiar sexo que, sin ser costilla de nadie, vive por sí mismo... de esa rarísima mezcla de hormonas, emociones... de miradas, de silencios... de pasión y rabia, de orgullo y carácter... de secretos guardados, de confesiones de todo tipo... recuérdalo, me dijo antes de despedirse…

El dios que me hizo mujer un viernes desapareció entre una cegadora luz… se colaba entre los tejados de la esquina de la calle… me deslumbró… y, al abrir los ojos, ya simplemente no estaba… sonreí… la revelación había surtido efecto… sonreí… soy Viernes, me dije…

Para todas esas mujeres que son supervivientes... que son lo que son y, además de saberlo, lo aceptan con todas sus consecuencias... mujeres que viven a mi alrededor, que forman parte del bolsillo del corazoncete... para todas esas que me soportan, me aúpan, se ríen o lloran conmigo... todas las que, de alguna manera y en algún momento, hemos olvidado lo que somos...

viernes, 3 de abril de 2009

El día que la hija del viento dejó de volar

La hija del viento se miró al espejo… había pasado tanto tiempo… tan poco a la vez… se avergonzaba de sí misma entre risas y tropiezos en un espacio conocido… vivía un auténtico momento adolescente… sí… había decidido vivirlo de alguna manera… desde la perspectiva de los años, de la experiencia y la innata inexperiencia… se rió… hacía demasiado tiempo que no se sentía estúpidamente absurda… diciendo toda sarta de cosas que a la voz le parecían divertidísimas… algo inofensivo se había convertido en una auténtica odisea que librar… una batalla más para ella… ¿verde o negro?... a dios pongo por testigo, murmura la hija del viento, que encontraré el anillo perdido… la voz se reía de la situación completamente histriónica…

La hija del viento comenzó la gyncana… sacó sus alas y, contra todo pronóstico, sólo llegó con 5 minutos de retraso… se sentía jodidamente segura y terriblemente insegura a la vez… una curiosa mezcla de sentimientos… las alas le batían en la espalda… ahora no puedes echarte atrás, pensó para tranquilizarlas… como el común de los mortales, caminó el último tramo del trayecto… llegó al punto de destino, sonrió… esa canción sonaba en sus oídos… la estaba viviendo… pidió disculpas… sonrió… primero las noticias más recientes, después las más lejanas… historias de historias en lo que el reloj corría y saltaba hacia atrás en el tiempo… la hija del viento hablaba sin parar, escuchaba… asentía… negaba… diseccionaba los extraños resortes de las cosas que pasan… las alas temblaban en su espalda… pero ella no quería recordar que estaban ahí…

Con la primera caída llegó el momento de mirar… de sonreír… de apostarse el tiempo que cada uno había estado atrapado dentro de sus alas… acababa de descubrir a otro ser como ella… otro ser con alas… en un susurro, la hija del viento sintió el aire acariciándole el cogote… comenzaba a erizarle el pelo de la nuca… era un remolino de aire que cada vez cobraba más fuerza… no podía volar, necesitaba no hacerlo… y, tras unos pocos segundos, simplemente sus alas no se abrían… la hija del viento las aparcó para recordar lo que era antes de que le atacara por sorpresa la tormenta… antes de que el vendaval la adoptara como hija… cuando toda la arena del desierto la había cubierto bajo un manto asfixiante… convirtiéndola en un ser con alas en mitad de ninguna parte de algún inmenso desierto…

La hija del viento decidió atarse los pies al suelo para no alzarse más… y sonrió, lo hizo… al darse cuenta de que el peso de sus pies era real… auténtico… que, simplemente, ella estaba allí…

jueves, 2 de abril de 2009

Una llave tirada al mar

Suena a frase de abuelo… quizás lo sea… a frase de alguien más sabio que tú… “el tiempo lo pone todo en su sitio”… qué gran verdad… hasta ahora, francamente, creía en esa consigna vital con los ojos cerrados… pero me faltaba en gran medida ratificar ese hecho difícilmente demostrable… sí, una ley no escrita del universo quizás… o, tal vez, simplemente esa justicia indivina que existe en alguna parte de esta jodida vida… es injusta, sí… pero que a cada uno le pone en su lugar…

Hoy comprobé que esa frase que forma parte de mi alma hippy se hace cierta… que sólo es cuestión de esperar paciente… que todas las puertas se cierran, antes o después… con el tiempo… de, como en aquélla fábula árabe, sentarse en la puerta a ver pasar el cadáver de tu enemigo… no quiero ponerme gore, no es la intención… añadido me lo impide algo importante… estoy en paz conmigo misma y no hay conflicto alguno que librar… no hay enemigo… tan sólo momentos en los que parece que la vida te cierra una herida… te ayuda a cicatrizar completamente una página del pasado… y, sin entenderlo, sientes el placentero y jodido sentimiento de que tu pequeña venganza personal se ha cumplido sin que hagas nada… tan sólo, confiando en el tiempo como auténtico responsable de que las cosas se ubiquen donde corresponde… y, por otra parte, te das cuenta de que tampoco te dolía tanto ya… que, simplemente, el tiempo ha curado esa desazón que te dejan los finales inexplicables… las injusticias personales que libraste como buena Juana de Arco… y que, ahora, simplemente no tienen tanta importancia… esa puerta que tanto tiempo estuvo abierta ahora, por fin, comenzaba a cerrarse lentamente…

Escuchando la noticia, simplemente no podía creerlo… era algo que descreía en gran medida con un cierto aire de burla… pero era cierto… a quien vivía en las sombras el tiempo la puso en su sitio… de la peor de las maneras… con una tremenda patada en el orgullo… ese que le pisoteó a mucha gente… ser un trepa en esta vida es jodido… pero si lo eres, al menos, has de ser lo suficientemente inteligente como para que no se note… la elegancia no se compra… se tiene o no… y para poseerla, da lo mismo ir en vaqueros que subida en unos taconazos… pensé en tantos momentos sentada en esa sala… compartiendo ratos personales con un hombre que, más allá de hacerme currar como a un chino –persona-, me dio una oportunidad… un personaje al que yo consideré “maestro” un día y al que, por algún inexplicable motivo, le sigo teniendo un respeto singular… por algún motivo, cuenta con un cierto grado de mi lealtad… estaré mal de la cabeza, no lo niego… pero por algún motivo genético o adquirido, yo soy así… a mi puerta del pasado tan sólo le quedaba una rendija de luz… nada… no podía creer que llegara este momento…

Alucinaba con cada pizca nueva de información que tenía… con la cagada con todo el equipo y lo curioso que es sentir la traición en carnes ajenas… en carnes que traicionaron en su día y que, por algún motivo, no toleraban que se lo hicieran a ellas… quizás la lealtad, a veces, está sobre valorada… pero francamente, yo no entiendo la vida sin ella… encontrar a quien serle leal es lo más difícil, lo demás viene rodado… y, sin embargo, hay para quiénes algo tan mágico se les escapa de las manos… la avaricia rompe el saco, otra gran verdad… así que, lo siento, pero sonrío… pensando en lo curiosa que es la vida… en las vueltas que da… en que, pese a todo, la guerra mereció la pena… no estaba equivocada, me digo… sé que me equivoco mucho… pero hay otras veces que, simplemente, sé que tengo razón… y, aunque sea años después, logro darme cuenta de que es así… sí, tengo una paciencia infinita… pero sólo para las cosas que me duelen, las que me parecen injustas y las que son mentira… aunque hayan pasado los años, escuché por fin el portazo… seco, sonoro…

El bendito tiempo –palabra perteneciente al Club de las Palabras Malditas- lo pone todo en su sitio, es una evidencia… y es maravilloso comprobar que es real, que pasa… vivir es una aventura peculiar, sin duda… pero, con todo lo bueno y lo malo, nunca deja de darte estos pequeños placeres que cierran puertas… que te ayudan a zanjar tantas cosas del pasado, de la manera que sea… la puerta se cierra que es lo más importante… y esa llave, junto con otras muchas, simplemente la puedo tirar al mar…

miércoles, 1 de abril de 2009

El club de las palabras prohibidas

Últimamente, me he dado cuenta de que hay una serie de palabras que he optado por quitar definitivamente del vocabulario… sí, creo que lo meteré en la misma propuesta de ley que solicitaré para quitar los meses de marzo… por qué no repartir equitativamente los días correspondientes entre el resto del año, me digo… y que agosto tuviera 42 días… todo con tal de no volver a ver marzo acercarse en el calendario… sé que lo llevo jodido, lo sé… pero por intentarlo no se pierde nada en esta vida…

Me he dado cuenta de que, cada vez más, me toca soberanamente la moral escuchar el uso generalizado de una palabra en concreto… “calma”… sí… la ves así de simple, con cinco letras nada más, y es aparentemente inofensiva… no sólo la escucho sino que, además, para colmo la emito… si la buscas en el diccionario, dice “paz y tranquilidad”… me río, qué remedio… cuando te la mencionan es, precisamente, porque no la tienes… y sin embargo me he dado cuenta que en esta loca vida, hace falta para todo… para aguantar los atascos del autobús cuando la manifestación de turno invade Gran Vía… cuando vuelves una noche a tu casa y descubres que ha reventado una tubería, montando un auténtico heisser en la calle, y no vas a tener agua durante horas… que es precisa para buscar trabajo, para confiar en proyectos… que hace falta para intentar entender las cosas que pasan entre las personas… las extrañas situaciones en las que todos, por H o por B, nos vemos metidos… “calma” debería ser una palabra incorporada a casi cualquier situación del día a día… la prisa mata, cierto… y sin embargo, no paramos de correr… calma, nos repetimos, calma… todo volverá a su ser… escucho la voz de mi abuela diciéndomelo y me río… qué mayor es la anciana que vive dentro de mí…

Otra de esas palabras prohibidas es “tiempo”… lo usamos para todo, de una manera absolutamente indiscriminada… en todas las combinaciones posibles… si lo buscas en el diccionario dice que significa “duración de las cosas sujetas a cambio o referente a los seres que tienen una existencia finita”… lo de finita me encantó, he de reconocerlo… me gusta tanto como la palabra “infinita”… el tiempo hace falta para todo… para curar… para vivir… para ir a contrarreloj y agobiarte… para no hacer nada… para que pase la crisis… para que llegue la semana santa… santa semana… tiempo para perdonar, tiempo para vivir… a todos nos falta el tiempo y, a la vez, nos sobra escucharlo tan a menudo como remedio mágico para todas las cosas…

Así que, y siendo consciente de que hay más fans de este club por estos mundos, propongo la creación del club... se admiten más palabras prohibidas, todo es cuestión de sugerir… yo prometo radiografíar el por qué de su prohibición con palabras...