miércoles, 6 de mayo de 2009

Hay noches...

… en las que decides sentarte delante de la chimenea… sin pensar en nada, tan sólo dejando que las cosas se amontonen en la cabeza… sin que preocupen, tan sólo pasan… fuera, agua nieve… dentro, calor… estás sola… encantada… sin que nada ni nadie te moleste… sólo suena el fuego… bendito sonido… en la calle el sonido del río, del agua… la ruidosa quietud de un pueblo… tu sitio, tu espacio…

… en las que cuando llegas a la barra y pides una copa, el camarero decide no cobrártela… a esta te invito yo, me dice sonriendo… pero me debes una… la extraña sensación que sientes te hace sonreír… él sonríe, tú también… vuelves a tu grupo de amigas y les tienes que contar lo que te acaba de pasar… se ríen contigo… la rubia le pasa revista… aprueba pese a ser bajito, me dice con una de sus mil muecas…

… en las que te miran fijamente en mitad de un pub… y esa voz que reconocerías en cualquier parte con los ojos cerrados se acerca a ti y te susurra en el oído… todavía no vi nunca unos ojos tan bonitos como los tuyos, me dice… me sonríe… me lo dice con esa voz tan dulce, con su media sonrisa… lo escuchas entre el ruido del garito… con las luces moviéndose… se te graba a fuego en la cabeza… no sabes qué decir… tan sólo puedes mirar tan fijamente como te miraron… pones la misma media sonrisa que te regalaron… sientes vergüenza pero, a la vez, sientes magia… no son las palabras, es todo el sentimiento que hay detrás de ellas… ojalá pudiera explicarte cuánto te quiero, pensé, pero si pudiera hacerlo supongo que no te querría tanto… maldita esta manía de decir con palabras lo que, simplemente, dices de tantas otras maneras…

… en las que, de confesiones entre copa y copa, acabas contando lo que nadie sabe… recordando algo que, últimamente, te toca la fibra más de la cuenta… quizás sean las circunstancias, quizás sea la necesidad de liberarte de ese peso… sonríes… sabes una cosa, me dice, hace poco hablé de ti… de elegir una mujer con la que tener una historia, me dice, te elegiría a ti… la sonrío… aún conociendo mi cara B más jodida, aún conociéndome… puedo escribir de esto en mi blog, pregunto… me gustaría, contesta ella… la miro, la sonrío…

… en las que, entre un gin tonic y un brugal con limón, alguien te pregunta si te puede besar… mirándote, sonriendo… a caballo entre la vergüenza y la adrenalina del momento… los besos nunca se piden, contesto… no puedo evitar sonreír… treinteañeros convertidos en auténticos inopertantes del flirteo… la falta de entrenamiento pasa factura en todo… pero, incluso así, hay que saber disfrutar de los momentos…

… en las que en mitad de una boda alguien te abraza… sabes que te quiero, me pregunta mientras me pongo de puntillas para poder abrazarle yo también… te quiero porque eres una tía de puta madre, me dice con esa lengua de trapo que te deja el alcohol… y no te lo digo porque esté borracho, asegura, te lo digo porque lo creo y si quieres te lo repito mañana… notaba su brazo alrededor de mi cuello… lo suficientemente suave, lo suficientemente prieto… yo también te quiero mucho, le dije, y no porque me haya bebido la barra libre… tienes que volver a enamorarte, me suelta a bocajarro… tú te lo mereces, me dice cuando ya noto el nudo en la garganta, tú te mereces ser feliz y sonreír siempre...

… en las que decides ponerte el mundo por montera… sin hablar, diciendo, callando… rodeándote de recuerdos nuevos que grabar en la CPU de la mente… construir, me digo, la destrucción terminó hace tiempo… lo has conseguido, piensas… y cierras la puerta de casa con la estúpida sonrisa en la cara… son las 6 de la mañana… nieva… demasiadas coincidencias… sonríes… demasiadas caricias y bofetones de vida pese a todo… y sonríes…

... en las que recibes un mensaje... una buena noticia... una nueva vida en este mundo... el resultado de un tiempo de lucha contra el cáncer, contra la vida... pero, sobre todo, contra la muerte... lo lees y recuerdas los tiempos del colegio... recuerdas a esa amiga de entónces, a la que hace mil años que no ves y a la que has vuelto a encontrar gracias al Facebook... la recuerdas como era... y la imaginas con un pequeño Martín entre sus brazos... sonríes... la vida nos devuelve la ilusión con cosas así, pienso... ella no perdió la esperanza... de vivir, de tener lo que deseaba... de salir adelante pese a todo... y lo consiguió... me quito el sombrero ante ella...

… en las que la luna llena se planta en el cielo para vestirlo todo de una luz de acero… esa que comparte los secretos… los pecados… las heridas… las mentiras… los pasados no contados, los presentes que se escriben… pasan demasiadas cosas al amparo de la noche… es el momento de las grandes traiciones pero, también, de los grandes recuerdos… su magia es única… auténtica… quizás, por eso, los gatos prefieren maullar en la oscuridad…

martes, 5 de mayo de 2009

Flores entre la basura

A veces cuando el mundo se pone en contra tuyo, cuando parece que otra pincelada más te pinta las cosas de un color todavía más oscuro… cuando crees que el frío se apodera de tu mundo… en esas ocasiones, una oleada de calor te permite volver a sentirte humano… volver a sentir… volver a volver, quizás… a los orígenes, o no… al principio… a una amistad que perdura pese a los años … pese a que cada una tenga su rumbo… su propia existencia… mundos distintos, cabezas distintas… corazones similares…

En medio de una de esas tardes en las que, pese al sol, no logras sentir el calor llegó una llamada que me salvó de las tinieblas… era esa amiga de toda la vida… esa que, desde los 3 años, me acompaña sin hacerlo… ella necesitaba huir de su propio mundo, yo del mío… nos sentamos, como tantas otras veces, en una terraza de Pintor Rosales… hacía una tarde de sol casi veraniego… la pequeña Paula ocupaba su silla… al menos ya no lleva la escayola, pensé, pero pese a todo cada día es más bonita… bromeé con su madre sobre la suerte que estaba teniendo de tenerla así de atada con la prótesis que lleva… algo que ella misma corroboró cuando la niña tiró todas las cosas que había sobre la mesa… no puedo regañarla, me decía desesperada, cada vez que lo hago se descojona… pude verlo con mis propios ojos cuando su madre la reprendió por lanzar su móvil contra el suelo… me encantó el gesto de rebeldía… el mundo le importa un pito, pensé, tan sólo es una niña… y tiene esa bendita inocencia de no saber… de no entender lo que no quiere… de no sentir dolor, tristeza… pena… nostalgia…

De golpe mi compañera de vida -más que una amiga, una auténtica hermana- se destapó… tiró de la manta de su vida… se rasgó la camiseta para enseñarme las entrañas… me habló de que le resultaba insoportable sentirse enfadada… de cómo la responsabilidad la desbordaba convirtiendo su día en una auténtica maratón… mujer, trabajadora, madre, esposa, cuñada, hija política… demasiados cargos para una persona… me habló de esas heridas de la convivencia… me lo contaba como nos habríamos contado a los 18 un problema con un novio… distaban tantas cosas con respecto a esa edad, pensé… ella es madre y yo sigo habitando en este barco pirata…

Por recomendación de su marido, nos fuimos a cenar… qué planazo de golpe para un martes, me dijo ella mientras él cargaba a la niña en el coche… nos reímos, aunque yo sabía que aquélla broma le estaba doliendo… caminamos por la plaza de Ópera… miramos en una tienda de plantas, le hablé de mi nueva orquídea… de la boda, de los momentos infantiles que de vez en cuando ponen a prueba que tienes casi tres décadas… es que somos mayores, me decía ella mientras nos tomábamos un té moruno en un sitio al que sólo he ido con ella… tenemos casi treinta, decía muy seria… treinta, pensé yo… esa edad en la que quieres tener las cosas claras… una edad maravillosa para marcar un rumbo… un destino… el suyo pasaba por una tormenta… me reí… te acostumbrarás a las olas de seis metros querida, le dije con mucho cachondeo… como dice la rubia, a todo te acostumbras en esta vida… lástima… somos demasiado poco rebeldes… demasiado poco reivindicativos… somos esa generación que ha perdido las ganas de luchar…

Decidimos cenar en un sitio que a las dos nos encantó sólo por la estética… Vodka&Blinis, un sitio ruso en rojos y negros… a ella le habían hablado de él, desconocíamos de qué iba pero nos apetecía intentarlo… a las dos nos encantó al entrar… la penumbra, la iluminación única de las velas en las mesas… pedimos al azar mientras seguía destripándose las tripas… mientras yo trataba de hacerle entender que tan malo es para el caos el orden impoluto como a la inversa… enseñándole ese otro lado del mundo que ella no conoce… a un lado de la mesa, la racionalidad en estado puro… al otro, el ser más visceral del planeta tierra… un ring con dos polos contrapuestos… pero, por algún extraño motivo, complementarios… ella me ata los pies a la tierra, yo permito que los levante… abrimos la caja de mis recuerdos… me dejó hablar, decir… sentir… a veces se reía, otras me miraba con tristeza… en su mundo de orden impoluto y pese a todo lo que yo estaba diciendo, me incitó a cometer una locura… una de esas que pueden ser como la bomba de Hiroshima… en esta vida hay que luchar, me decía, y nunca hay que tirar la toalla… aluciné… acababa de ver en ella una parte del mundo en el que yo vivo… de ese en el que el corazón pesa más que cualquier cosa… ese en el que se cree en el peso de los sentimientos sobre todo lo demás… ese lado del mundo en el que se siente que todo es posible… que nada es falso ni extraño… ese en el que es, únicamente, cuestión de sentir y de mirar… alguien tiene que saber, me decía, no tiene lógica alguna… ella entendía mis preguntas sin respuesta… creo que, en mi piel, se haría las mismas…

La acompañé hasta la puerta de su casa… bostezaba… de golpe la vi más mayor… madre quizás… lejos de todo, éramos dos amigas de toda la vida compartiendo una noche de martes… con palabras… miradas… risas y heridas… nos pusimos las tiritas mutuamente… sin necesidad de decir “hablamos” al despedirnos… tan sólo sabiendo que, en nada, lo haremos sin necesidad de nada… me gusta el calor que me da sin darme... me gusta sentir que, estando con ella, todavía es posible ver crecer flores entre la basura...

lunes, 4 de mayo de 2009

Maratón nupcial a la asturiana

Ser mujer y que llegue el día de una boda tiene un nombre… sí… es un kit completo de “Cómo putearte y estresarte sin motivo en cinco pasos”… el primero madrugar aunque hasta la 1 de la tarde no comience el sarao… el segundo lograr que ese pelo despeinado que tanto te guste quede aparente con apenas un par de golpes de secador… después viene el momento en el que comienzas con el pinta y colorea de tu propia cara… por algún jodido motivo de la vida, nunca logras maquillarte todo lo bien que sueles hacerlo… pintarte la raya del ojo se convierte en una odisea de dibujo técnico… lo conseguí, me digo, ahora sólo queda vestirme de mujer… para cuando sacas el vestido de la percha sigues sin estar convencida de lo que vas a ponerte… no hay marcha atrás, te dices a ti misma, no tengo nada más… luchas contra la gravedad y contra el sujetador sin tirantes en un acto de rebeldía absoluta… te metes dentro de las medias prometiéndote a ti misma volver al Corte Inglés donde las compraste a ajustar cuentas con esa dependienta que decidió no hacerte ni puto caso… sales triunfal del hotel para descubrir que o bien optas por ir un poco menos mona y pasar al plan B –las sandalias planas-, o bien no podrás dar un solo paso… sí, es lo que tiene descubrir que las medias no son cómo creías y las sandalias de tacón tan increíbles que te compraste dándote un capricho simplemente te bailan… una no ha nacido, definitivamente, para ser mujer...

Nos subimos al taxi mientras yo ensayaba el texto que me había tocado leer… soy la vela del día de vuestra boda, repetía yo con mucha entonación mientras mis primas –y el taxista- se descojonaban de la risa… no puedo leer esto, me decía a mí misma… demasiado para mí… ante la frase “mejilla con mejilla” me temí el momento en el que la rubia me vaciló con la canción de “pechito con pechito, y ombligo con ombligo”… temía morirme de la risa… así que con premeditación y alevosía, cambié mentalmente mi ensayo… definitivamente, iba a leer lo que me pareciera… me reí sóla, ese pequeño acto de rebeldía también formaba parte de mí… mientras todos se reunían en el bar de enfrente de la boda para empezar con las cañas, yo tenía una cita muy especial… ir a ver a la novia para sacarle unas fotos… cuando la vi, me quedé loca… me sonrió tímidamente… estás preciosa, sólo pude decirle eso… tú crees?, me contestó… la sonreí …


Cuando vi que estar allí era una auténtica odisea espacial –tratar de moverse en el pasillo era lidiar con las 9 personas que trajinaban por allí-, su primo y yo optamos por irnos al bar donde habíamos quedado… has preparado el texto ya, me preguntó… más o menos, le contesté… al entrar en el bar, otra de mis amigas de toda la vida ya estaba allí… me sonrió... desde una madrugada de la santa semana no había vuelto a hablar con ella… me siguió al baño, tenía algo que contarme… estás embarazada, le pregunté a bocajarro… sí, me contestó sonriendo y enseñándome todos los dientes… la abracé… todavía me parece increíble que sea madre… con su cara de niña, con su alma de siempre… el flamante padre me reclamó la consiguiente felicitación al entrar en la iglesia… nos sentamos, yo con la hoja de mi texto preparada en la mano… el cura te llamará, me dijo la novia… y así fue… salí, desplegué la hoja… miré a los novios… comencé a leer… todo marcha, pensé, entonas y parece que va todo bien… pero cometí el error de mirarles… vi la cara de descojono del novio y tuve que morderme la lengua para no reírme yo también… encendedme cuando anochezca, leía… y en ese momento reconozco que me emocioné… encendedme cuando llegue la primera pelea, seguí… ojalá las cosas fueran tan simples como esa voluntad que estaba leyendo y que no era mía sino, simplemente, líneas sobre una hoja… terminé y no me caí al bajar del altar –escenario para los amigos-, cosa difícil teniendo en cuenta el camino de vuelta al banco… coño, pensé, si es que esta iglesia es como una gyncana… respiré… sólo media iglesia se había dado cuenta de que me había emocionado y no dudó -pese a no conocerme de nada- en comentármelo durante el resto del día...


La ceremonia terminó entre aplausos y música asturiana… el sonido de la gaita, las voces de la música popular… nos fuimos al hotel para esperar a los novios… estás muy tú, me dijo una amiga de la pandilla… muy tú, pensé… me gusta pensar que pese a ir disfrazada de mujer no pierdo lo que soy… huelo a lo mismo que hace 10 años, una parte de mí sigue siendo la misma de siempre… el vino comenzó a correr, nos sentamos a comer… después de dos horas y pico, ya estábamos bailando… el novio me dijo que esperaba que cumpliera mi palabra de rentabilizar la barra libre, y así fue… me aposté en ella junto con el primo pequeño de la novia, que cumplía años… a esta te invito yo, me decía con mucho cachondeo… copas, bailes… la tarde fue entrando… los chicos de la boda iban y venían, jugaba el Madrid contra el Barça… la novia bailaba sin parar, los demás también… no dejes nunca de sonreír, me dijo un moscón que me persiguió durante toda la noche… cada vez que se me acercaba, mi particular guardaespaldas cumpleañero me rescataba… a lo tonto, me pasé toda la noche bailando con él… las copas corrían como el agua en Asturias y, rozando el límite entre la sobriedad y la ebriedad, nos sentamos a cenar… cenar, pensé, si acabamos de terminar de comer hace un ratito… un amigo de siempre empezó con la misma cantaleta de los últimos 10 años… antes de morirme, opina, tengo que tocarte las tetas… eres un animal, pensé para mis adentros, pero por algún jodido motivo te quiero horrores…

Terminada la cena volvimos a bailar… más copas, la cosa comenzó a desmadrarse… el amigo de siempre acabó tirándome al suelo con el consiguiente flipe de media boda… mi guardaespaldas me levantó del suelo… oye lo has ensayado, vino a decirme el novio, porque ha quedado muy “Fama” me soltó entre carcajadas… bailábamos… reíamos… charlábamos… todos con copas menos la futura mamá, que aguantaba estoicamente subida en sus taconazos bebiendo agua… su marido me mareó en un pasodoble interminable que parecía una clase de spinning más que otra cosa… cuando me cargó como quien levanta un fardo de patatas del suelo, di por concluido el baile… mi mujer sabe que yo la adoro, me dijo, pregúntale por qué… me gustó oírselo decir, me gustó ver cómo la miraba… la gente comenzó a desaparecer y allí seguíamos los mismos bailando… de golpe, apareció una amiga de esas que ves nada y menos… había llegado al final, pero se había pasado… venía con su chico… creo que él flipó con el desmadre generalizado… prometí ir a visitarles a Valencia justo antes de despedirme de ellos…

Con el “Asturias” de Víctor Manuel se puso el punto y final al sarao… quedábamos siete personas y los novios… el novio decidió convertirme en “Miss Vestido de Boda Mojado” con el consiguiente chaparrón al que le sometí yo… no te imaginas lo mucho que te quiero, me chilló balbuceante por el alcohol al oído… medio minuto más tarde me lanzó dentro del ascensor… menos mal que estaba mi guardaespaldas para evitar que volviera a irme al suelo… el guarda de seguridad bajó a pedirnos por favor que dejáramos de chillar, el novio también le abrazó… la estampa era única… subimos a la recepción, mi guardaespaldas le robó el taxi a las chicas de mi pandilla… mientras nos fumábamos un cigarro en la puerta, mi prima y yo pasábamos revista a la noche… la boda había pasado… nos habíamos reencontrado… habíamos reído, la habíamos disfrutado…


Cuando nos metimos en las blancas sábanas del hotel, estábamos reventadas… ella se durmió casi rozando la almohada, yo continué pasándole revista a la jornada… me dolía todo, coxis incluido por el aterrizaje inesperado… pero sonreía… había disfrutado del día… de las palabras etílicas… de los momentos de complicidad con Sandra, de haber compartido el día con ella acariciándole la barriga… de su felicidad, de la manera en la que su marido la miraba… de las miradas que observaba en las demás parejas próximas… de los bailes con Ángel y su corbata… de la aparición sorpresa de Mónica e Iván… del anciano desconocido de Acevedo que me dijo en el ascensor que le gustaba mi voz… de ver a la rubia descocada por el vino, de ver a Joseba tan parlanchín con la gente… de ese pequeño gran guardaespaldas con el que tanto me había reído… del escote que traía por la calle de la amargura a mi prima y nuestro cachondeo en la puerta del hotel... de mi prima Miriam y su trauma por dormir con calcetines… del lanzamiento de Lalas contra el suelo… pero sobre todo, de esos novios que rezumaban felicidad… sin nostalgias… era su día… y, pese a ser anti-fan de las bodas, me gustó formar parte de él…

domingo, 3 de mayo de 2009

El día pre-boda

Creo que cuando me fui el viernes a Oviedo no me imaginaba que volvería a casa de mis padres como si me hubieran pateado los cascos azules… y, sin embargo, en esta noche de domingo es como estoy… completamente agotada pero con un subidón de buen rollo en el cuerpo… me gusta esta droga natural que no se vende en farmacias… esta extraña adicción de coleccionar retales de vida que te hacen ser quien eres, que te hacen sonreír al recordarlos… nunca fui fan de las bodas, es vox populi… pero pese al cansancio, he de reconocer que firmaría por volver a revivir estos días… amigos, familia… cariño… sorpresas, noticias… sonrisas, muchas… y alguna lágrima… la vida se compone de todas esas cosas… sin ellas, estoy segura, mi pequeño universo no sería tan maravilloso pese a las heridas…

La convocatoria era clara… la boda de una amiga de siempre a la que la vida le abofeteó el alma una tarde de enero… la vida cambia en un momento, recordé… en cuestión de segundos neni, recordé que siempre me dice la rubia… pensé en una sonrisa que el azar se llevó… pensé en esa extraña magia de la vida de encontrar a una persona que te ayude a sanar las heridas del alma… sonreí… sí, pese a todo esa especie de justicia impalpable que se escapa de las manos de los hombres existía… a ella no le habían devuelto a su hermana pero había encontrado a esa persona que quería acompañarla para pulir su cicatriz… al salir del Negrón, respiré como hago siempre… he vuelto, me dije… siempre que voy a Asturias me doy cuenta de cuánto me gusta… me siento en casa aunque no lo sea… quizás porque una parte de mí se queda gilipollas mirando ese verde maravilloso que debería tener un registro propio en la paleta de los pantones… o quizás, simplemente, porque es una tierra en la que viven algunos de mis grandes amigos… de los de siempre… de esos que llevas en el bolsillo del alma pese a los kilómetros, el tiempo y los rumbos de la vida…

Primera parada, ver a uno de esos amigos casi hermanos a los que quieres por genética… llevo cuatro días sin salir de casa, me dijo, pero si estás tú aquí al menos quiero verte… me llevó al Naranco, quería que viera Oviedo desde las alturas… al pasar por delante de Santa María, me quedé impresionada… no sólo se veía toda la ciudad sino que, además, no podía parar de mirarla… en el mismo lugar desde el siglo XI, prerrománico asturiano… ponle la etiqueta que quieras… es, simplemente, maravillosa… subiste alguna vez, me pregunta con su acento asturiano… nunca, le contesté mientras miraba por la ventanilla el paisaje… mientras el coche seguía subiendo, yo sólo podía mirarla… a veces lo más simple es sin duda alguna lo más bello, pensé… no parábamos de charlar… contándonos nuestra vida… riéndonos de su nuevo cargo de director técnico del baloncesto asturiano… pero te pagan, le pregunté… eso dicen, me contestó, aunque todavía no sé cuánto… cuando casi nos despedíamos, su hermana me abrazó… le pregunté cómo estaba él, cómo llevaba su ruptura… no muy bien, contestó ella… le recordé una noche de noviembre en Madrid… hacía frío, estaba hundido… recordé con tristeza cuando le oí decir que no se imaginaba que aquello doliera tanto… ojalá pudiera decirte que no, le contesté en su momento, pero por desgracia ahora ya sabes lo que es… recuerdo que me dijo que le parecía insoportable… se le escapaba su realidad, lo que le ocurría… recuerdo que entonces pensé que hasta para sufrir nos parecíamos… le miré, está más delgado… hablamos pronto, me dijo preguntando… claro que sí, le contesté, me tienes que poner al día…

Después de soltar las cosas en el hotel, tocaba reencontrarse con la novia… volvimos a subir al Naranco… botellas de sidra, cafés, tabaco… un regalo especial… uñas de porcelana… liga de fútbol… por fin me dio el texto que quería que leyera en su boda… cuando lo leímos, me dijo, René y yo pensamos que sólo podías leerlo tú… la sonreí… me quedé pensando en cuánto la quiero, en que no han pasado tantos años desde que nos contábamos la vida mientras ella se fumaba a escondidas un cigarro… y ahora, sin embargo, estaba a punto de poner mi granito de arena en su día… sentí un escalofrío… recordé una tarde de marzo en la que vine a verla a Oviedo… en la que me encontré con lo que quedaba de ella después de haber perdido a su hermana… recuerdo cómo me abrazó aquélla vez… y me di cuenta de que es como lo hace siempre… besándote como lo hacen las madres… charlamos, nos reímos… estaba nerviosa… llegaba su día… el futuro marido, pregunté… en Gijón con los amigos, contestó con mucho cachondeo… perfecto, pensé para mis adentros, a estas horas de la tarde ni siquiera sabrá cómo se llama… me descojoné sola… una pizquita de melancolía se me coló en el forro de la chaqueta… hacía frío o, al menos, yo lo tenía…

Volvimos a la ciudad… a dejarla para que pudiera descansar… a reencontrarnos con más amigos… con más recuerdos, más momentos y más sonrisas… nos esperaban para cenar en “La niña bonita” y teníamos un rato de chicas –y Angel- para nosotras… a la altura de los postres, aquello se convirtió en una reunión made in Acevedo… hasta que la que se casaba al día siguiente apareció con su hermana y sus primos para ponerle el broche a la noche… cremas de orujo, coca-colas y copas varias después nos despedimos… el día iba a ser largo, pensé… volví con mis primas al hotel… la puerta giratoria de la entrada casi le arranca la cara a mi prima Miriam en un despiste… hicimos una entrada triunfal en la recepción… y, diez segundos después, estábamos liándola en el ascensor… a qué piso váis, nos preguntó un chico muy guapo que ya había pulsado la cuarta planta… a la misma que tú, contestó mi prima María… te estamos siguiendo, dijo con mucho cachondeo…

Mientras fumaba en mi habitación de no fumadores con la ventana abierta, tan sólo podía respirar profundo… bajo mis ojos, las vías del tren… una estampa que, en ese momento, me pareció maravillosa… nos ha tocado la habitación de los suicidas, les dije… ellas ya estaban metidas en la cama, pero yo necesitaba ese momento para mí… cómo me gusta esta ciudad, pensé en voz alta mientras no quitaba la vista de las luces que iluminaban la oscuridad de Oviedo… te estoy oyendo pensar, me dijo mi prima María… sí, no lo puedo evitar… estoy enamorada de Asturias desde la primera vez que vine hace muchos años ya a casa de una de esas amigas del alma que llevas siempre en el bolsillo contigo… esta tierra es más que muchos recuerdos y grandes dosis de pasado, pensé… quizás, simplemente, es un buen lugar para poner el contador a cero y volver a empezar…

Me metí en las impolutas sábanas blancas del hotel pensando en ello… pensando en subir y bajar las cuestas de esta ciudad… pensando que, si viviera aquí, el Naranco sería uno de mis sitios para escaparme… para respirar… para no pensar en nada o, quizás, pensar en todo… en alguna parte de esta ciudad he dejado un pedacito de mí… demasiados pedacitos Fátima, me reí para mis adentros… si me sigo desperdigando, al final, no seré de ninguna parte… me reí… tampoco tengo por qué tener origen, pensé... tan sólo destino...