miércoles, 2 de septiembre de 2009

El final del verano

De una manera mental, para mí el verano se termina el 31 de agosto… quizás porque, para esas fechas, llega el inminente cambio de mes que supone la vuelta al cole… a la vida normal… al asfalto, al otoño… a todas esas cosas que nos dejan con la conocida depresión post-vacacional… al mogollón de anuncios de coleccionables que, en torno a la primera semana de septiembre, empiezan a aparecer… además, en esa fecha este micro mundo comienza a quedarse vacío… incluso los pájaros se van… las cigüeñas hace tiempo que se fueron buscando calor… las golondrinas se pasan tardes enteras ensayando el vuelo… el día que ves cómo se reúnen sobre las cuerdas de tender, ya lo sabes… se van… el verano se terminó…

Para mí hoy también se ha terminado… mañana vuelvo a la civilización… a ese mundo urbanita que es mi hábitat durante el resto del año… a mi casa, a mi barrio… a ese bar de Manolo… sonrío… mañana volveré a estar allí… hoy es hoy, me digo, y mis huesos todavía están en mi propia tierra prometida… esta que me da de comer al alma y al coco… esa que, pese a agotarme físicamente, me carga las pilas mentalmente… un nuevo verano… más momentos compartidos… muchas sonrisas, alguna lágrima… muchas historias… sonrío… siempre hago balance cuando llega este momento… la soledad de mi casa lo facilita... la noche lo permite… esa noche de transición que es la última de verdad por ahora… lo hago sentada en la puerta de mi casa, en mitad de la madrugada… con una maravillosa luna que no acabaré de ver llena desde este lugar… huelo esa tierra mojada del jardín… escucho el sonido del río que pasa por delante de mi casa… veo esas flores que no son lo que eran pero que resisten… siento el fresquito de esta noche de montaña en la nuca… me cuesta irme de aquí, pienso, lo contrario es inconcebible en mi mente… por algún motivo que desconozco, aquí es donde mis sentidos están más despiertos… donde, probablemente, yo más lo estoy…

Mientras me fumo un cigarro y escribo con una manta sobre las piernas, trato de compilar esas imágenes que se me han quedado grabadas en la retina… esas que hoy llevan todo el día rondándome las neuronas… sonrío… me han pasado muchas cosas, sin duda… he vivido mucho en poco tiempo… este verano comenzó con la intuición de que era mi último empujón vital… el último antes de esa gran fecha que ya me parece ridícula, entrar en la tercera década… comenzó con una huída a esta misma tierra… un punto de encuentro en fiestas… fueron los días de las largas charlas en mitad de la oscuridad… de las verdades dirigidas de frente en esta cocina… verdades desde esa potestad que sólo te da la amistad auténtica… los días del reencuentro, del choque entre la amistad y el deseo… los días de las señales… los que me empujaron a emprender un viaje al mar… un pedacito de esa tribu que descubrí y que le ha vuelto a dar cuerda a este reloj… después llegó una mansión de soltera con vistas al mar… unos días con una amiga atómica, con su mundo… con su pequeña familia… con el calor y el frío… con dos pedacitos de ella tan distintos… con un día de playa sin hablarnos pero disfrutado sólo por el hecho de estar juntas… llegó el encuentro con uno de esos grandes amigos que quieres por defecto pese a la distancia, el silencio y el tiempo…

Y para cuando todo ese mundo ya vivido y sonreído terminó, volví al lugar donde sanan mis heridas y se alimenta mi mente… no sabría recordar a cuántas fiestas he ido, a cuánta gente he saludado… cuántas horas de mi vida he consumido bailando, riendo, charlando… pero sonrío… sí recuerdo muchos momentos divertidísimos… a un insistente personaje que boicoteaba mi conversación con un “estoy aquí” en fiestas de Burón con la consiguiente desesperación de mi hermana… a una mujer que me cedió una bolsa de hielo que sujetaba en la cabeza de un desconocido al que le habían pegado un botellazo… mi pequeña Juana de Arco, pienso ahora, si no fuera así de especial simplemente no sería ella… entre salvar perros, llamar al 112 y buscar al montañero perdido ha tenido un verano la mar de agitado… pienso en los largos Nesquik de vuelta de fiesta con mi prima… en esa cocina donde el mundo se para y parece ser refugio para todo tipo de almas… sonrío… me viene a la mente una mañana en la que recorrer mi calle fue una odisea… una noche en la que compartí un nombre con la prima de una persona que llegó a mi vida como “el novio de” y se ha quedado a vivir en este bolsillo mío del corazón… la que es hoy su mujer es una de esas personas que llevo de serie en el mismo lugar… como no podía ser menos, la rubia me vino a la cabeza… con esas salidas nocturnas a las que la arrastré… con una fiesta de Casasuertes que es una tradición para nosotras… por todos esos momentos que nos han faltado por vivir por circunstancias veraniegas… recordé a mi primo Txema y su pequeño bosnio… el reencuentro con Mónica e Iván… una de esas amigas que pierdes por el camino de la vida y, un buen día, necesitas volver a encontrar… pensé en la barriga de Sandra… en esa Sofía que crece a pasos agigantados dentro de ella… en tocar esa tripa, en sentir su ilusión…

Pensando, pensando me di cuenta de que era el verano de los episodios peculiares con protagonistas masculinos… recordé a un hombre que se me ofreció en promoción una noche con mi consiguiente ataque de risa… a otro que me incitó a ver las estrellas con el encanto del caradura que es, con una ternura que sólo pude descubrir más tarde detrás de ese disfraz nocturno… recordé con rabia a otro que no supo aceptar un no por respuesta… a otro que me dijo grandes verdades de las que sólo un amigo te dice… y a uno que, simplemente, me derritió con su ternura absoluta en mitad de una noche de fiesta para helarme con su crudeza en otra… frío y calor, lo mismo da… sé que todo lo que escuché necesitaba oírlo… que, si no me quisiera como lo hace desde hace tanto tiempo, se lo habría callado… recordé una llamada desde un yate, una conversación con la misma persona sobre las heridas que te deja la vida… las charlas con esos buenos amigos que comienzan vidas… los bailes con ese otro al que, siendo niños, simplemente le tenías terror… ha sido el verano en el que mi policía favorito me ha vuelto a proponer tener un niño a medias como el que comparte unos vaqueros… yo le enseño a dar palos, me decía, y tú algo que no sea hippylongo… me sigo riendo con sus barbaridades supongo que, simplemente, porque le adoro… recordé una hamaca traída de Colombia que está en el jardin gracias al tesón de uno de esos buenos amigos de verano… uno que vive su nueva vida con la misma cara de niño…

Este verano ha sido el de reencontrarme con esa familia perdida… el de cuidar de mi independiente y escayolada madre… el de pasar una tarde con mi hermana en el pantano y reírme cuando me llamaba “pequeña Pu”… ha sido el tiempo de compartir con mi padre pequeñas cosas que a los dos nos parecen grandes acontecimientos… un café, una tarde al sol… quizás podría decir que ha sido el verano de las horas vividas… los recuerdos desempolvados… los nuevos que atesoro ahora… el verano de seguir buceando dentro de mí a pesar de que todo fuera tan deprisa alrededor… el de sentir… el de buscar las sensaciones, las emociones… las ilusiones… de cualquier tipo, igual de válidas… igual de auténticas… igual de mías, al fin y al cabo…

No escribo esto con nostalgia pese a saber que mañana cerraré la casa… bajaré las persianas y, como hago siempre, contemplaré esa quietud… no, no siento melancolía… sonrío y eso me gusta… ha sido un buen verano, lo sé… y pese a tener que emprender la vuelta al asfalto, no me pesa tanto… aquí siempre estará mi casa esperándome, me digo… este pequeño micro mundo que siento tan mío y que, cada vez que vuelvo, me recibe con los brazos abiertos… queda el otro verano, el de septiembre... un mes que, aunque no entienda el motivo, siempre me ha gustado... será en otro lugar, sin duda... o quizás sea en este mismo, me río para mí...

domingo, 30 de agosto de 2009

Los peligros de montarse la oficina en un bar

Tratar de trabajar en este micro cosmos se puede convertir en una difícil aventura… siempre hay algún entretenimiento, algo que te despista… un amigo que te viene a buscar a casa o alguna visita que te enreda… pero la cosa ya se convierte en problema cuando, para colmo, tienes que hacerlo desde el bar… qué le vamos a hacer, desde que el wi-fi llegó a Acevedo nuestras vidas han cambiado… ahora, lo más habitual, es ver al paisano que viene de arrear las vacas al lado de alguien completamente absorbido por su portátil…

Fiel a mis entregas y obligaciones, decidí marcarme un horario de oficina a pesar de los excesos nocturnos… tenía traducciones que entregar, llamadas por hacer… sí, uno de mis grandes problemas en este paraíso propio es que me desconecto completamente del mundo que hay más allá de Riaño… pero me lo propuse de una manera titánica… volver a entrar en la dinámica laboral desde la barra de un bar… puede resultar extraño, no lo niego… pero así me lo propuse y así lo cumplí… lo que me quedaba pendiente de descubrir era la cantidad de riesgos laborales a los que te ves sometido… aunque parezca inofensivo, un bar puede resultar un sitio peligrosísimo para trabajar…

Mi jornada laboral empezaba a las 10.30 de la mañana… un comienzo un tanto relativo que muchas veces dependía de si el bar estaba o no abierto… a veces me tocaba esperar media hora hasta que veía aparecer a Olga con su cara de sobada y la marca de la almohada… otras, directamente, abríamos juntas y mientras ella ponía en marcha la cafetera, yo bajaba las sillas… la esquina de la barra es ya un espacio reservado en el que, curiosamente, casi nadie se pone por las mañanas… supongo que porque saben que antes o después apareceré… es mi propia oficina y saben que la ocuparé… mientras me tomaba el primer café, desplegaba la logística… portátil, teléfono, cuaderno, bolígrafo… en una ocasión, me traje incluso el disco duro externo… con toda mi parafernalia montada y un cenicero a mi vera, comenzaba por mirar el correo… por ver las cosas pendientes… por empezar a buscar con el Google Translator aquéllas palabras desconocidas… para ese momento, eran ya las 11.15 de la mañana… comenzaban a aparecer los primeros personajes… todos con un comentario sobre mi posición y ocupación… qué haces rapaza, me ha gritado Casiano durante dos semanas metiendo las narices en mi pantalla, no sé cómo ves nada ahí… tomas algo moza, me gritaba otro desde la otra esquina del bar… primer problema, sobredosis de café… cada uno que entraba consideraba que tenía que invitarme a algo… pese a decir que no, pese a negarme a la invitación, me encontraba con un cafetito que Olga me servía poniendo los ojos en blanco… yo no voy a discutir, decía colocándome la taza… el primer día sufrí taquicardias a las 12 de la mañana… cuando una mujer dice que no, le dije con mucho cachondeo a uno de los personajes más peculiares de este lugar, es que no… daba lo mismo… por imposición pueblil, me los ponían… y yo, por aquello de no hacerle un feo a nadie, me los tomaba los primeros días…

El segundo gran riesgo de trabajar en un bar es la desconcentración… el combate de cada mañana era la llegada del Mister… uno de los personajes más particulares de por aquí… el año pasado, tipo duelo de las pelis de vaqueros, nos pegábamos por hacer el crucigrama… cada uno entraba por una puerta del bar, visualizaba el periódico y miraba desafiante al otro… este año, la instalación de mi oficina le ha allanado el terreno… lo tiene sólo para él… sin embargo, cada mañana insiste en lo mismo… hazlo tú que eres estudiada, me decía tendiéndome el periódico… tranquilo, le contestaba yo con las manos sobre el teclado, todo para ti… el problema venía cuando no sabía contestar alguna de las palabras que le amargaban terminarlo… marciano literario, me gritaba desde el fondo del bar… me hacía la sueca tratando de concentrarme y de marcar esas barreras invisibles de mi oficina virtual… no se daba por vencido… levantándose de la silla con las gafillas casi en la punta de la nariz, le veía acercarse por el rabillo del ojo… marciano literario, me decía a medio metro de distancia… cuatro letras, le pregunté sin mirarle… asentía con la cabeza esperando ansioso la respuesta… Gurb, le contesté después de unos segundos volviendo a mirar la pantalla, G-U-R-B… le veía sonreír cuando encajaba mi respuesta… ahí empezaba el auténtico combate… explicarle por qué lo sabía, qué era… un nuevo alto en mi actividad… diez minutos después me sonreía encantado de la vida… lo ves, me decía muy orgulloso, si es que eres una chica lista… yo me reía… qué va Mister, le contesté con un poco de vergüenza por no acordarme de su nombre, que he hecho muchos crucigramas… qué haces ahí en el Internet era su siguiente pregunta… cada mañana lo mismo, cada mañana la misma respuesta… un círculo vicioso que terminaba con una amplia argumentación por su parte sobre que tenía que comprarse un ordenador… volvía a preguntarme cuánto costaba el mío, volvía a decirme que tendría que hacer un curso… cada mañana las mismas preguntas, cada mañana las mismas respuestas… sí, tengo una paciencia infinita… pero por qué no, me digo… a él le fascina todo lo que no sabe… debería darme de baja por estrés, me dije una mañana que me pidió que mirara el tiempo en la web del Instituto Nacional de Meteorología importándole un pito si tenía cosas que hacer…

Para cuando él terminaba de interrogarme y yo le proponía que cogieran un profesor particular de informática –como cada mañana-, llegaba la parte más peliaguda de mi horario de oficina y de mis riesgos laborales… la hora del aperitivo… la 1.30 de la tarde, momento en el que el bar comenzaba a llenarse de gente… toma algo, me decía el padre de una buena amiga de siempre… un botellín, contestaba yo sabiendo que me estaba metiendo en la boca del lobo… sé que no es excusa, pero esta Taberna de Moe no había traído más Nestea y me veía abocada a pedir una Mahou… me la tomaba casi sin darme cuenta sin quitar los ojos de la pantalla mientras todo el que entraba en el bar me hacía algún comentario… “a ver si te sacas un novio por ahí” –señalando la pantalla- o “todo el día viendo porno” –los más simpáticos-… lo que sí era un nexo común a todos ellos es que tenían que meter la nariz a ver qué demonios estaba haciendo... viva la privacidad, pensaba para mí… en esas llegaba mi madre… con su brazo escayolado, con ganas de tomarse un vino… segundo botellín… esto de que no me cobren por conectarme va a terminar conmigo, pensé, me lo estoy gastando en consumiciones y en vida de mi hígado… sin haber terminado el segundo, ya aparecía algún amigo que sin preguntarme siquiera me pedía uno más… Hulk me bautizó vía Messenger como Doña Chuza cuando le conté lo que estaba bebiendo un día que realmente me desesperé… pero entraba en la espiral… no había marcha atrás… una mañana mi padre se descojonó de mi lengua de trapo… así escribía Hemingway, me decía muerto de la risa, en un bar y con un pedo de los históricos… llevo sus pasos padre, pensé para mí muerta de risa…

Último riesgo de mi día de trabajo… ahora me río, pero bajarme del taburete para irme a comer a casa se convertía todos los días en algo complicado y más teniendo en cuenta que mi madre estaba allí… demasiada cerveza, me decía, como en la canción de Sabina… me bajaba como podía dándome cuenta de que no sentía el culo… no, esto de no tener como extra el airbag trasero me trae por el camino de la amargura… después de horas sentada en el mismo lugar, me tenía que tomar mis minutos para recomponer mi cuerpo… algo difícil teniendo en cuenta que iba medio cocida… para acabar de rematar mi estado catastrófico, el estiramiento al que tenía que someterme apoyándome en el fregadero para desenganchar el cable de red de mi ordenador… digamos que, en ese estado, se convertía prácticamente en un capítulo de “Al filo de lo imposible”…

Está claro, para el próximo verano tengo que hacerme con unas planchas de metacrilato y voy a mandar hacer un cojín a medida… creo que va a ser la única manera de no terminar alcohólica, estresada, tullida y desquiciada… y, lo que es peor, volviendo a casa en un estado de derribo absoluto… habiendo dormido apenas unas horas, haciendo eses en el camino de vuelta a casa y sin haber terminado eso que tenía que hacer… trabajar en un bar debería estar contraindicado para la salud… ahora lo sé y, lo que es peor, lo volveré a repetir el verano que viene…
Pequeños vicios del micro mundo...

sábado, 29 de agosto de 2009

Una noche en la bolera

En este micro mundo existe un curioso deporte que ameniza las noches… los bolos... creo que es una de las tradiciones más añejas que atesora esta montaña… los recuerdo desde pequeña, cuando mi padre ganaba siempre algo en el torneo de las fiestas… una copa más grande o más pequeña que colocábamos en la cocina… él los disfrutaba aunque tuviera prohibido verle jugar… las bolas son de madera y, hasta hace unos años, implicaban un peligro bárbaro… era un deporte reservado sólo para hombres… las cosas han cambiado tanto, tanto que a día de hoy tengo que obligar a mi padre a que juegue una tarde con mis colegas… las mujeres jugamos, cosa impensable antes… los bolos ya no son para los mayores sino, más bien, el entretenimiento de los jóvenes… llegar al bar es escuchar el sonido de la madera chocando contra sí… un sonido característico que es casi banda sonora de estas noches que matan lo que queda de verano… los jugadores vociferan, no hay lanzamiento que no sea comentado… pero más que una tradición y un deporte, los bolos aquí son un punto de encuentro… un lugar en el que compartir tiempo, risas… comentarios ridículos, conversaciones interesantes… que estén al lado de ese bar que hace de motor vital de este lugar no es casual… simplemente, no podía ser de otra manera…

Salí de casa para tomarme un Nesquik y volverme a mi hogar con mi escayolada madre… al llegar, el sonido ya repicaba por toda la terraza a pesar que los altavoces escupían “I know you want me, you know I want you” a toda pastilla… me acordé de un amigo que ya no vendría por sorpresa más, era su canción… si a este lugar le midieran los decibelios cada vez que Alvaro se emociona, pensé, reventaría la máquina… me reí… le vi por el ventanuco del bar descojonado con su maldad del volumen… es uno de los seres más geniales que conozco, lleno de grandes ideas y de las gamberradas mayores del planeta pese a ser padre de familia… le pedí mi vaso de leche para paliar la noche de fresquito que nos tocaba vivir después de un increíble día de sol… dónde están estos, le pregunté… en la bolera, se descojonó, donde crees… absurda pregunta por mi parte, sin duda…

Me senté a mirar la partida que jugaban esos últimos amigos que quedan en este lugar… casi todos los años, somos los mismos… hay habituales, entre los que me encuentro casi siempre… como a ellos, me cuesta irme de aquí cuando todo el mundo se ha ido… vivimos el otro pueblo… es de las conversaciones largas, los planes alternativos… la calma sin prisa alguna, las cenas largas pasándole revista al verano… la de las tardes al sol… me senté con uno de esos amigos que lo son de una manera distinta… no sabemos nada el uno del otro durante el año, raro es lo contrario… coincidimos aquí, en las mismas fechas… todavía me río pensando que, cuando éramos adolescentes, no nos podíamos ni ver… para mí él era un quinqui, para él yo era la coñazo responsable… dos mundos que, por lo que sea, se han logrado entender… quizás porque él ya no es lo que era y yo tampoco… como siempre que le veo en este verano, le acaricié la cabeza… se ha cortado el pelo al dos… lo reconozco, acariciar una cabeza con ese pelo tan cortito es una de las sensaciones más agradables que conozco… empezamos a charlar sobre su Julieta particular… una con la que comparto sangre y muchas historias vividas… sois dos gilipollas, le dije riéndome con una cierta pena… qué quieres que haga Fati, me dijo encogiendo los hombros… ojalá tuviera respuesta, pensé, pero creo que tienes que encontrarla tú solito…

Después de sobarle de manera impenitente la cabeza, y de que él casi se quedara dormido, acabó la partida de bolos… la gente se fue marchando al bar… nos quedamos solos charlando… hablando sobre su nueva vida… no sé qué te ha pasado tío, le dije, pero no sabes cómo me alegra verte así… sonrió… con la misma sonrisa de siempre pese a ser distinto… centrado, adulto… tenía una nueva ilusión… a sus 28 años y siendo padre de un niño increíble de seis, se había matriculado en la Universidad… había dejado incluso de fumar… se había pasado seis meses de su vida enclaustrado… estudiar y salir a correr, me decía tajante… le escuchaba hablar sorprendida… sonriendo… escuchándole contarme una vida que empezaba de cero para sí mismo… Iker no puede venir este fin de semana, me dijo con pena… me reí… eras la última persona del planeta que yo me imaginaba de padrazo, le dije… sonrió con una ternura infinita, esa que sólo le da su eterna cara de niño… es su hijo… una réplica cada día menos pequeña de lo que es él… si os hubieran hecho con un molde de magdalenas, le dije, no seríais tan iguales… sonrió con la mirada perdida en alguna parte… sentí un poco de envidia de eso que él estaba sintiendo… eso que sólo te da haber engendrado una criatura… una noche de estas podías hacer una tortilla, me dijo de sopetón, Angel y yo llevamos todo el verano diciéndolo… sonreí… me debo a mis fans, pensé, no hay verano sin una de mis tortillas… todavía me hace gracia que, año tras año, me lo digan… y que, año tras año, cerremos el verano cenando en mi casa… somos seres de costumbres, pensé, pero eso es lo que nos une…

Me contó su examen para acceder a la Universidad… cómo lo preparó… cómo había descubierto algo distinto estudiando Historia del Arte… me llama la atención ir a ver sitios, me decía, ahora entiendo cosas… me alegró saber que sentía esa curiosidad… que había aprendido a mirar el mundo con otros ojos… me habló de ese libro de Anatomía que estudia cada noche y que le tiene acojonado… después de más de una hora de conversación, el frío y el sueño pudieron con nosotros… nos encaminamos de vuelta a casa… nos separamos en la misma esquina de siempre… siempre con el sonido del río y las manos metidas en los bolsillos… mañana te llamo para desayunar, me dijo mientras encaminaba la calle que le lleva a su casa… hecho, le contesté… los pocos metros que me separaban de casa, sólo podía pensar en él… en ese amigo que me había demostrado que una persona puede cambiar… buscar un nuevo horizonte… sentir ilusión… fijarse una meta… volver a empezar, supongo…

Mi madre estaba despierta… opté por tumbarme con ella en el sofá a ver la misma serie policiaca, enroscarme en una manta y tomarla a ella como almohada… había mucha gente en el bar, me preguntó… no tengo ni idea, le contesté, he estado toda la noche en la bolera… extraño lugar, sí… esquivando bolas de madera había descubierto ilusiones ajenas que sentí como prestadas… había sonreído con tristeza a la fatalidad de dos personas que, pese a quererse, quizás nunca logren estar juntas… había pasado tiempo con un amigo para conocer esos sueños que le daban de comer a su vida… tengo que hacerle una noche una tortilla a los chicos, le dije a mi madre en los anuncios, Marcos me la ha pedido…

viernes, 28 de agosto de 2009

El día que el hombre que desayunaba payasos vio las estrellas

Si te apetece, me decía susurrándome mientras me acorralaba con relativo permiso, te llevo a ver las estrellas… cuando lo escuché me reí… la frase no era tan original, sin duda… pero nunca me la habían dicho de una manera tan descarada y con tanto arte sin conocerme de nada… sonreí… eran las 5 de la mañana de una fiesta “de prao”… sólo 24 horas antes, en el mismo escenario, había vivido una escena similar… una escena que acabó con una amenaza de esas que te recuerdan lo que es el orgullo… lo que implica ese lugar del mundo que no estás dispuesta a que nadie te invada y menos todavía de esa manera… me reí… un hombre, una mujer… un deseo, una negativa… una década de intentos fallidos por su parte… fue en las mismas circunstancias, sí… mismo lugar, una pared en la espalda… pero reconozco que en esta segunda ocasión, me encantó que fueran jodidamente distintas a la vez…

Acorralada contra ese muro, me reí del morro que le echaba a la vida… no paraba de sonreír… yo tampoco paraba de hacerlo… el juego estaba resultando divertido… es que esta mañana me he desayunado un payaso, me dijo muy serio… era claro… sincero… decía lo que pensaba y lo que quería sin ningún pudor… unas horas antes, me había tocado hacerle la cobra mientras nos servíamos una copa… no dudó en marcarse su primer ring del combate delante de todo el grupo de amigos… nunca habían intentado ligar conmigo de una manera tan directa… sin gilipolleces… me gustó, lo reconozco… me pareció jodidamente sincero… jodidamente vivo…

Mantuve el juego hasta el momento en el que los últimos que quedábamos de la pandilla nos íbamos de aquélla extraña fiesta… era de día… se acababan mis pasos de gata, realmente divertidos… quedábamos cuarenta personas en la plaza donde horas antes no se podía andar… él seguía insistiendo en llevarme a ver las estrellas… yo seguía muriéndome de la risa… eres un jeta, le decía muerta de la risa… pero te encanta, me sonrió él con mucha seguridad… touchée, había acertado… caminábamos hacia los coches, distribuyéndonos como hacemos cada noche para volver a casa cuando sales por estas tierras… mira que hay muchas portaladas, me decía mientras mi hermana y yo abríamos el coche… eres un pieza, le contesté cerrando la puerta… un amigo de otro pueblo, que había encontrado refugio conmigo para volver a casa, se moría de la risa… no se corta el chaval, me dijo descojonado cuando ya salíamos del pueblo… para nada, le dije sonriendo…

Como cada mañana post fiesta en este pueblo, tocaba pasarse por el bar a la hora del aperitivo… para comentar las batallitas de la noche… para reencontrarte con ese personaje que ya considerabas adorable y su cara de resaca… no pudo articular palabra… yo me despedía a mi manera de la rubia… entre el gentío del bar, contándole las novedades… era domingo, ella volvía a Bilbao… no me despedí de ella de verdad… nos había faltado mucho tiempo de estar juntas… de compartir nuestras largas charlas… quedaban cosas por contarnos… no puedo con la vida, me decía mi caradura particular… no me extraña, le dije, ayer ibas fino… nos reímos… volví a verle horas más tarde en el mismo lugar… estábamos sentados en la terraza… la gente comenzó a irse… sólo quedábamos tres... y en ese petit comité, comenzamos a charlar… el que era la noche antes el caradura más gracioso del planeta colgó las zapatillas para hablar de sus heridas… le escuchaba hablar sintiéndome identificada con su historia… escuchándole hablar de libertad… de dolores… de una larga relación terminada que le había permitido volver a vivir… algún día, le decía yo, también recordarás las cosas buenas… sonreía con una mueca… es difícil borrar el pasado… las pupas que te va dejando vivir, sentir… descubrí que más allá de su desparpajo y de su cara dura, era una personita peculiar cargada de ternura… un ser que trataba de paliar sus episodios echándole mucho morro a la vida...

Hacía una noche increíble… una de esas para mirar estrellas de verdad… nos subimos a la Valleja, pensé para mí... subimos a mirar estrellas, preguntó Ricardo... sonreí… diez minutos después, estábamos sacando las mantas de mi casa… no había subido en mi vida a mirar el cielo, decía Ricardo, y en el mismo verano subo dos veces… me reí… son cosas que pasan, pensé, cuando subes una vez a mirar el dibujo de estrellas siempre quieres volver… nos tumbamos a contemplar el cielo… a mirar esa mancha de estrellas que se ve con tanta nitidez en este micro mundo… Ricardo aplicó sus conocimientos adquiridos de Silvia en la subida que hicimos para ver la lluvia de estrellas… me sorprendió… le explicaba a su amigo –el caradura tierno- a la perfección cada constelación… realmente le había interesado nuestra excursión anterior al mismo lugar… se lo había aprendido con sólo escucharlo una vez… sonreí… me pareció mágico ese interés… esa frase suya de “no hay ningún cielo como el de aquí”… me reí… lo hay créeme, pensé, solo que tú como yo te has enamorado de este… mi caradura estaba completamente flipado… nunca había visto así el cielo, tumbándose a mirarlo sin más… jamás antes… con tanta nitidez, con tanta claridad… tan cerca de uno… tú querías ver estrellas, pensé para mí, y yo te las he hecho ver de verdad… me reí… nunca antes esa frase había tenido tanto significado… una estrella fugaz gigantesca cruzó el cielo… hasta eso tenía preparado, les dije con mucho cachondeo, os quejaréis del currazo que me he pegado que hasta con efectos especiales y todo…

Para cuando el frío del rocío de madrugada empezó a calarse en los huesos, optamos por batirnos en retirada e irnos a dormir… bajábamos la cuesta de la Valleja descojonados de la risa… Ricardo iba envuelto en una de las mantas y se montó un sketch de un vídeo que circula en Internet que parodia la manta mágica de “El señor de los anillos”… a la mañana siguiente, me tocaba despedirme de ellos… de ese amigo que ya no podía volver a venir por sorpresa y el hombre que desayunaba payasos… entre un café con leche y la percha mental esta que a veces me deja lela, les dije adiós con dos besos… sonrió… me encantó anoche subir a mirar el cielo, me dijo mirándome fijamente a los ojos, creo que nunca se me va a olvidar… reconozco que me gustó escucharlo… hay cosas que se regalan sin querer y que se guardan como tesoros… nos vemos pronto, dijimos los tres… en Madrid, pensé, aunque no haya este cielo… el mío de allí también merece la pena...