Miro la llama de una vela que estreno, una regalada por mi cumpleaños…me gusta su luz en esta semi oscuridad… Suena Bebe… Ella canta como tú escribes, me dijeron hace poco… en mitad de la noche… Sonrío… Touchée... Creo que es de las cosas más bonitas que me han dicho… He visto pasar una luna creciente por la ventana… La pregunta llegó tarde… sonrío… ya lo había hecho… No hay noche que no lo haga, pensé, pero eso no significa que lo sepas… Respiro… hondo, muy hondo… Prohibido dejar de sonreír… con una sonrisa de medio lado… Me río… Una montaña de palabras en mitad del silencio… A través de un mundo que no existe, de una isla en mitad de ninguna parte… Tecleo… vacilo… Miro a través de la ventana… Me río... Midiendo el desconcierto… la inquietud… Saboreándolos… Pesando los secretos en mi propia báscula… Soy de cristal y no sé cómo se hace para dejar de serlo… Ronroneo como lo hace Golfo cuando está a gusto… Como cuando le acaricio detrás de las orejas y me mira fíjamente... Mezclando una enorme coctelera de emociones… Más para el álbum… Extraño mundo este para el que no encuentro etiqueta en mi cajón… Ese que propone cenar palomitas… que habla de música… que tan sólo puede escribir puntos suspensivos… Compartiendo teorías de gorilas y gatas… silencios… Sintonías en una misma frecuencia... Suspiro… Olores que no conozco... Desconociendo... conociendo... Con una caja de conocidos desconocidos... La vida a veces tiene episodios peculiares… expedientes X de esos que también colecciono… Quizás sea la magia de las cosas… esa que existe para todo lo increíble de esta vida… Fumo en esta casi oscuridad… Bebe sigue sonando… Maúllo… Sal y limón… Me cortocircuito en recuerdos e intuiciones… En una radiografía que cada vez tiene más nitidez… Escribo... espero... leo... Sonrío... Preguntas directas… momentos de kamikaze auténtico… Esto de vivir resulta tan sorprendente como divertido… tiene esos chispazos… Respiro… Jugando a gatos y ratones en un curioso laberinto… Haciéndolo sin red…
He cumplido esos treinta de una manera completamente distinta… en Barcelona, con parte de mi gente de manera física… con un viaje de piradas, un “feliz Vueling” a las siete de la mañana… paseando por el Gótico con mi prima tan temprano que casi no había nadie, recordando un viaje de cuando éramos crías, de unos días juntas por su ciudad… disfruté de esa sensación de paz caminando por las calles vacías… de una manera increíble, con una intensidad egoístamente personal… tengo un enorme álbum de recuerdos increíble de esa ciudad, quizás por eso me gusta tanto desde pequeña… volver me recuerda que no me importaría vivir en ella… desayuné hasta tres veces en una mañana… volví a ese bosque de las hadas que me fascina, descubrí que su otra mitad es un universo de papiroflexia… me pateé esas Ramblas que siempre me gusta recorrer… las subía pensando en la locura… en esa que comenzó una tarde con Pons, mi inseparable escudera… pensando en ese cumpleaños al que había arrastrado a mis amigos… ese que rompía con todo lo que había hecho hasta entonces… una manera distinta de entrar en mi treintena… una sonreída manera de hacerlo… me tumbé al sol en un banco de la plaza de la Universidad, mientras esperábamos para comer a parte de esa panda de familia elegida que decidió acompañarme en ese tránsito que ahora me resulta un chiste… después de una sesión de tiendas en busca de los zapatos perdidos de la rubia… con Naia como adalid de la talla 42… nos sentamos a comer mientras Pons encontraba su alma gemela botánica en una pareja de amigos… pidiendo sin saber qué pedíamos en un Frankfurt de cerca de Plaza Cataluña, con el cachondeo del camarero porque yo sólo dije un “yo lo mismo que ellas” cuando ellas –Pons y Naia- habían pedido dos cosas distintas… con mis primeros regalos, con la vergüenza que me dan ese tipo de momentos… con esas extrañas conversaciones con un amigo con el que sufro siempre el síndrome de la risa floja cuando me suelta su tan particular “tú quién eres”…
Entré en mis treinta después de una tarde acelerada en busca de zapaterías fantasma… una tarde en la que opté por acompañar a la rubia y a mi prima poniendo a prueba mi propia resistencia física… del viernes al sábado, sólo dormí dos horas… y en vez de descansar, opté por dejarme llevar por ese rato de tiendas sin siquiera aparcar el coche de Miriam… he descubierto, que con 20 o con 30, sigo retándome a mí misma para mantener esa fama de incansable que tengo… tuve, cómo no, mi mano a mano particular con la rubia… en la acera de enfrente del hostal… yo con mi octavo café del día, ella con una coca-cola… una luna creciente en el cielo se colgó para acabar con un precioso día de sol mediterráneo… me vestí a toda velocidad en un hostal que sólo se parecía a lo que habíamos visto por Internet por los cabeceros de la cama… compartiendo un rato de confesiones -mientras trataba de maquillarme con un pulso digno de un ladrón de panderetas de tanto café- con mi escudera particular y la que después se convertiría en Little Madonna… distinguiendo situaciones… articulando sonrisas…
Entré en mis treinta después de coger un taxi porque llegábamos tarde a nuestro encuentro con el resto de la trouppe… con un taxista que estaba loco por charlar con alguien… uno que lo mismo comentaba de Gran Hermano y de Mercedes Milá, que nos contaba que él jugaba al fútbol o que decía sin pudor alguno que está casado con una catalana “muy catalana”… le acompañé en el asiento delantero mientras íbamos hacia Hospitalet, disfrutando en primer plano de Barcelona de noche y en coche… llegamos al lugar fijado para la cena que mi primo Txema, timing en mano, había organizado… un lugar en el que hablábamos, nos reíamos, comentábamos mientras cenábamos antes de ir al concierto… después de contestar dos veces que no quería postre, entendí por qué había quien estaba insistiendo en cebarme… se apagó la luz, me cantaron cumpleaños feliz, la camarera apareció con dos velas… un 3 y un 0… me quise meter debajo de la mesa de la vergüenza… ahora me río… no tengo ninguna para muchas cosas, pero cuando soy el centro de atención la tengo toda… aún estando entre mi gente… las soplé… me regalaron un enorme tablero de parchís que es una tarjeta de crédito para que me compre lo que me apetezca… me he comprometido a grabarlo para que puedan ver la cara de la dependienta cuando despliegue esos 15x10 centímetros que mide y que, pese a todo, son dinero de plástico…
Entré en esa treintena bendita en un lugar llamado “Sala Salamandra”… iba a entrar en mi treintena escuchando a esa gente que ha sido mi banda sonora original de este año 29 de mi vida… esa gente que identifico con un viaje a Palos con Pons, con muchas tardes de conversaciones… con ese RIFI construido gracias a Iñigo y esos seis meses de compañeros de piso que fuimos, esa amistad tan increíble que surgió entre nosotros… esa música es Colombia, mi tía Adelia y ese mundo que ella lidera… la que escuché cada día cuando estuve allá, cada día que, todo lo que implica ese país, le dio cuerda a mi reloj y le puso un montón de tiritas a mi alma… un empujón de mis padres para sacarme del extraño mundo en el que había vivido… a veces me pregunto cómo sería este mismo día si eso no hubiera pasado… si no me hubiera subido a ese avión con ese Lagarto Amarillo en mi iPhone –puto iPhone-… esa misma música me acompañó cuando descubrí a mi peculiar tribu, a ese mundo de músicos que vive al otro lado del océano y que me regaló tantas cosas sin ser consciente… al que tengo a este lado con mi bomba particular… a unas tardes por Lisboa, a las sonrisas y las lágrimas… es curioso… inventarié mis recuerdos, esos que identifico tanto con esa música, cuando empezó el concierto…
Entré en mis treinta escuchándoles cantar “ahora lo veo distinto”… con el abrazo de otra treintañera, de esa que tanto empeño le puso a que mi cumpleaños siguiera esa frase de Lagarto… con una charla en una terraza de Hospitalet entre amigos… con esa sensación de verlos a todos allí porque yo cumplía años… aguantando la música infernal de la sala –para más INRI, para no fumadores- a la que fuimos a parar… con mi primo Txema y Naia proponiendo asaltar la cabina del DJ y poco más que matarlo… aguantaron estoicamente, todos ellos… habían decidido acompañarme de verdad… entré en mis treinta batiéndonos en retirada a las casi cinco de la mañana… después de una conversación absurda con Jordi en la que ni yo le entendía a él ni él a mí pero no podíamos parar de reír… después de una despedida rápida en la puerta del metro, de volver al hostal escorándome hacia la derecha… de soltar una carcajada en mitad del silencio más sepulcral… después de sonreír a un mensaje no leído en la BlackBerry hasta ese momento, pero esperado…
Entré en mis treinta de la mejor manera que podía hacerlo… sintiendo calorcito en el alma… con un mensaje de mi madre que empezaba diciendo “gatito lindo”… con otro de mi hermana que hizo que se me saltaran las lágrimas… con uno de mi prima, de mi pequeña Juana de Arco… riéndome… disfrutando de un espacio, de una ciudad que me fascina… disfrutando del cariño de los amigos… de una rubia que está encantada de que en el cielo no existan distancias y que estuvo por última vez en Barcelona conmigo en mi otra vida… una que vi feliz –pese a no encontrar sus ansiados zapatos- por verme a mí feliz… de una amiga de una amiga que, sin gustarle Madonna, se ha quedado con ese nombre… una que me he guardado en el bolsillo de los amigos ya hace tiempo… de esa amiga que no sólo apostó por esta locura sino que además siempre apuesta por todas… esa que durante ese 29 año de mi vida me ha rodeado de flores, surrealismos varios y muchísimo cariño… entré en mis treinta acompañada de mi prima, esa que siempre me alegro de ver y que tiene esos momentos tan Mimi suyos… esa con la que hemos quedado en repetir un encuentro para primeros del próximo año, con la ilusión por volver a vernos… lo hice con ese amigo que persigue dragones y quiere disfrazarse de perro, con ese cariño casi fraternal que siento por él aunque siempre que me vea se dedique a charlar conmigo mientras me tira del pellejo de los codos… ese punto terriblemente Ally McBeal me preocupa, pero forma parte de su encanto… entré en mi tercera década con otro amigo de un amigo que llevo hace años en el bolsillo… con ese pirado de las plantas que forma parte de un comando similar al “Gnomo de jardín” mío pero en versión Barcelona… a su compañera de la vida, esa que me gusta tanto pese a haberla visto físicamente sólo dos veces… la que tuvo una frase única para felicitarme por mi cumpleaños y a la que sólo pude contestarle el gracias más sincero que he dicho nunca… cumplí treinta con mi primo y su mundo, con su cuadricule binario y sus momentos mágicos en los que decide ponerse a cantar “Campanera”… con lo mucho que me gusta abrazarle por la calle…
Entré en mis treinta rodeada de cariño… de calor… de una parte de mi familia elegida físicamente conmigo… de otra parte desde la distancia… de sorpresas en la madrugada de la pantalla de mi teléfono… lo hice con una sonrisa en la cara… interminable… constante… lo reconozco, estaba feliz… entré en mis treinta feliz… no puede haber mejor augurio…
Inspiro… Un día menos… tal vez un día más… Recuento de manera mental los últimos… casi 360, tan sólo cinco para un año… Muchos para recordar… muchos para no olvidar… Expiro… 360 días… me río… matemática… un giro completo medido en grados… Mismo punto de partida… distinto final… Repaso aquéllas cosas que lo han formado… cada uno de sus grados… Muescas en una pared… una marca más, centímetro a centímetro… Una raya más para una cebra, como me dijo mi bomba… Sonrío… Muchos días, muchas cosas… demasiadas para tratar de contarlas… Me perdí… quien sabe si porque así tenía que ser… Para encontrar, quizás… para encontrarme a mí… Para vivir en medio de la muerte… para morir en mitad de la vida… Divago… Sigo el vuelo de una mosca por la habitación… Me abrigué de tiempo y de preguntas… Me vestí con momentos de lucidez absoluta… Viajes… momentos… palabras, muchas palabras… Mil sonrisas más… Río… Mucha literatura… demasiada psicología… Y escribiendo… siempre escribiendo… en esta extraña sopa o en el cuaderno que siempre me acompaña… Emociones… sensaciones… realidades… Siento frío… Noto este otoño que de pronto ha llegado… pese a los días de sol… Me deslizo en mi hábitat natural… la noche… esa que me sube las persianas de la mente y las del alma… Respiro… Sumo las experiencias… resto las pupas… multiplico las historias… divido cicatrices… Me sumerjo… buceando dentro de este enorme ovillo enredado… 360 días, casi un año… Coleccionando emociones… rellenando el álbum completo de cromos… Crezco… Dosifico los recuerdos… me emborracho de segundos, de vivencias… Descosí las preguntas para sentir menos peso… me cosí las verdades… Recolecté cariño… mucho cariño que quizás nunca pueda corresponder… Menguo… Recogiendo los trocitos del puzzle… empezando uno distinto… Compartiendo tantas cosas… descubriendo el significado de tantos verbos… Me até al calendario de mis días… a uno propio que tan sólo me pertenece a mí… Maúllo… Al recuento de un año… el que era mío sin saberlo pese a la advertencia… Precocinando lo que tenga que pasar… calentando a fuego lento cada nuevo paso… Desempaquetando regalos pendientes de abrir… creando un mismo espacio completamente distinto… Suspiro… Todo es exactamente distinto…
Mirando por la ventana, decidí darme una tregua… latinear desde la sobremesa parecía un gran plan… llego para el café, le dije a esa gran amiga a través de un sms… quería verla, quería ver a sus amigas… a esas que siempre preguntan por mí y a las que durante mucho tiempo di esquinazo… me puse en camino sin pensarlo, dejándome guiar por la inercia de una soleada tarde de octubre… hice una de las cosas que más me gustan en esta ciudad y que hacía mucho tiempo que no hacía por una cuestión de economía… coger un taxi… disfruto con esos paseos por esta ciudad que odio tanto como quiero… disfruto de esos paseos, sobre todo, por la charla con el taxista… son el mejor termómetro de Madrid, lo sé desde mi otra vida… hablar con ellos supone una parte importante de este estudio sociológico constante que siento necesario hacer… la fiera que vive dentro de mí se alimenta de esas historias ajenas… de esos retazos de vidas que otros me cuentan pero que, por lo que sea, me alimentan…
Calculé el importe mentalmente desde el lugar donde estaba… no llegará a cuatro euros, me dije… a la luz de verde le siguió alzar mi brazo… la radiografía era clara… en la treintena entrada, vestido con camisa y pantalón chino… el coche olía a colonia de hombre… lo supe antes de que él me lo contara, el taxi era una salida temporal a esta situación de crisis general… si alguien me preguntara el por qué lo sé, no sabría explicarlo… quizás, simplemente, porque los taxistas son una raza aparte de este Madrid que he analizado con calma y que conozco muy bien… después de decidir el mejor trayecto para evitar la manifestación anti-abortista, empezamos a charlar… llevaba 22 días en el taxi… la empresa de artes gráficas donde trabajaba había cerrado para solventar uno de los múltiples chanchullos que le dan mal nombre –con razón y por desgracia- a la empresa española… me preguntó a qué me dedicaba, dio por supuesto ante mi respuesta que conocía de qué me hablaba… me habló de esas personas que creen que, por subirse a un taxi, hablan con un esclavo… esas señoras que te tratan como si fueras una mierda, me dijo él, y creen que son muy educadas… esa es la diferencia entre tener clase y ser un piojo resucitado, le dije… se giró para mirarme… me gusta cómo piensas, me dijo, ojalá tuviera más gente como tú en el taxi… le indiqué donde tenía que dejarme, descubrimos cuando le dije mi destino que podía haberme dejado más cerca… le oculté que mi intención era caminar el último trecho pero argumenté –que también era real- que no centraba bien dónde estaba el lugar… no sé por qué empezó a hablar de su mujer… yo no sé qué pasaría con mi vida si me divorciara, me decía con cierto miedo, creo que no podría vivir sin ella… sonreí… podrías créeme, le dije sonriendo… no pienses mal porque estoy casado, me dijo mientras me cobraba, pero estoy por darte mi teléfono para poder seguir charlando contigo... me reí, me avergonzó… seguimos charlando, con el taxímetro parado en esos 3,5 que había calculado mentalmente y con la puerta del coche abierta… eres guapa y simpática, me dijo él, así que enamórate que te lo mereces seguro… que tengas mucha suerte, le dije justo antes de cerrar la puerta… sonreí… a veces, sentir un poco de calorcito es tan barato como ser personas incluso tratándose de un desconocido…
Llegué al punto de encuentro en el momento de los chupitos de crema de orujo… era la tercera ronda para todas las demás, el primero y único para mí… las amigas de mi amiga me dijeron lo guapa que estaba, lo mucho que me había crecido el pelo… la única china –persona- de mi vida me espetó un sonoro beso en la mejilla acompañado de un abrazo… la conocí en un mal momento de mi vida pero entre nosotras siempre había habido mucho feeling sin apenas conocernos… sabía que pasaba por una mala racha, la habían dejado… creo que el lazo de la solidaridad de los corazones rotos es mucho más fuerte que cualquier otra cosa… el hecho de que se hubiera sumado a la comida de amigas era casi, casi un momento histórico… mientras pagaban e iban al baño, la única china auténtica de mi vida se sentó a mi lado para contarme que su ex la había empezado a escribir… que, cosas de la vida, iba a volver a verla y que tenía miedo… la escuchaba viéndola sonreír por esas misivas que leía en un ordenador… por un ramo de rosas enviado sin tarjeta que recibió el día de su cumpleaños… si ni siquiera me gustan las flores, me decía sorprendida, pero no sabes la ilusión que me hizo recibirlas… estaba tan emocionada como acojonada por esas frases que la acercaban a ella, a esa mujer que no se decidía a terminar del todo con lo suyo pero tampoco a continuarlo… conocía la situación, quizás por eso me lo contaba a mí a modo de confidencia… sufría una distancia, una ruptura… una salida del armario… demasiadas cosas de golpe, pensé… demasiadas para cualquiera que se estrena, además, en la sensación de amar a una mujer y a la vez en la sensación de tener una relación… de enamorarse… de que la abandonen… y todo por primera vez…
Nos trasladamos hasta una terraza de La Latina… una de la que tengo incluso fotos de una mañana de domingo… había una boda en la iglesia próxima, aplaudimos a la novia… criticamos el chaqué del novio, que le quedaba grande… comenzaron a hablar sobre la posibilidad de casarse, sobre la decisión o no de hacerlo en un hipotético caso… me quedé callada… era una guerra que formaba parte de este año de metamorfosis y con la que ya había firmado mi propio tratado de paz… después de un Baileys, un par de horas de charla y conversaciones sobre cualquier cosa, el grupo se fue disolviendo… mi amiga, la única china –persona- de mi vida y yo optamos por volver caminando hasta Moncloa… aprovechando esa tarde de sol que este monstruo de hormigón nos regalaba…caminamos entre la gente de la Plaza Mayor… prestándole atención a todos esos personajes que hacen su propio show sobre el asfalto de esta ciudad… parándonos a mirar aquéllos que nos sorprendían realmente… disfrutando de esos teatros callejeros con la ilusión de unas niñas… disfrutábamos de ese Madrid del agobio de gente… de esa calle Preciados en la que encontramos a un repartidor de flyers vestido de surfero y con tabla en mano… nos reíamos de una cría de 17 años que le chillón sin vergüenza que ya le podía apuntar su número de teléfono en el flyer que le había dado con una amplia sonrisa Colgate… mi iPhone –puto iPhone- empezó a vibrar en el bolsillo… me llamaba un amigo con el que compartí dos noches el cielo de Acevedo, un cielo que él nunca antes había mirado… finalmente no podía venir a Madrid al partido… pero no me llamaba para eso… me llamaba porque quería contarme que estaba con una chica… sonreí al escuchar la ilusión con la que me lo decía… pero me sorprendió todavía más escucharle decir una frase que hizo que dejara de ver todo lo que había a mi alrededor en esa Gran Vía que bajaba hablando con él… Fa, le escuché decirme con ternura, he encontrado el amor… la frase me martilleó dentro de la cabeza… por la manera en la que me lo dijo… como parte de un suspiro que olía a ilusión, a esperanza… encontrar gran verbo, pensé… me explicaba cómo se sentía, cómo era Belén… sabes lo que te quiero decir, me preguntó al explicarme lo que estaba viviendo… tranquilo, le dije sonriendo, creo que recuerdo lo que es…
Colgué contenta de haber escuchado esa frase… sintiéndome afortunada de escuchar a alguien decir eso de esa manera… única… se me llenó el corazoncito de esperanza, de buen rollo… de una melancolía muy sana… en Moncloa, me despedí de mis amigas después de pasarnos todo el recorrido sin parar de charlar… agarradas del brazo por la calle… volví a casa caminando, escuchando música… me conecté al mundo a través de una pantalla de ordenador… para escribir la crónica de amores de un sábado… y, a través de la pantalla de un ordenador, viví simultáneamente sus dos vertientes… la de la ilusión del flirteo que me contaba una amiga en una ventana, la del hastío y la desilusión que sentía otra de las mujeres de mi vida… se me descolocó el corazón de dos maneras distintas… alegrándome por sentir la ilusión de esa amiga que no paraba de sonreír después de un día especial… sintiendo una terrible pena de saber que esa otra mujer sentía lo que estaba sintiendo… lo que estaba viviendo… me habría gustado poder abrazarla en ese momento y susurrarle que no se preocupara… que la vida, a veces, te hace pasar por episodios de tinieblas… pero que siempre hay que buscar la luz porque existe aunque no lo creamos en ese momento…
Un sábado curioso, pensaba mientras me acostaba, a lo largo de todo el día he estado escuchando historias de amor… de diferentes tipos… con diferentes emociones… algunas absolutamente geniales… otras terriblemente jodidas de vivir… la vida además de ser una aventura única es una jodida montaña rusa… una que es capaz de elevarte a lo más alto o meterte en las profundidades… quizás vivir es, simplemente, así… oscilar entre dos puntos, capeando el temporal en los malos momentos… sintiéndose terriblemente vivo a veces, terriblemente muerto otras…
No sé si es casualidad o causalidad… pero esta es la canción que estaba escupiendo la radio de este barco pirata -Europa FM en ese momento- cuando terminaba de escribir… señal o no, curiosamente es más Bebe… la de otra época, la de mi otra vida… la que, entonces, también me acompañó en una extraña época...