sábado, 7 de mayo de 2016

Crecer es aprender a despedirse...



El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene.
Victor Hugo

Crecer es aprender a despedirse...
a decirle adiós a la inocencia de los recuerdos... de las noches de Madrid en las que parecía que siempre tendríamos veinte años, treinta años... una década completa en la que la amistad no era cuestión de pasado sino de presente...
crecer supone descubrir que hay nombres que desaparecen de tu memoria a pesar de que un día fueron importantes... a pesar de los lazos, heridas o secretos que un día grabaron cada letra de él en la piel...

Crecer es aprender a despedirse...
es comprender que el tiempo nos cambia, que hace que lo que antes era eterno ahora supere la fecha de caducidad... es entender que la muerte está más cerca de ti, es ser consciente de que algunas de esas cosas que te juraste hacer ya no podrían ser... 
crecer es descubrir que la magia de Nunca Jamás no era más que un cuento increíblemente cruel... es saber que, igual que los años te dan experiencia, también te quitan algunos de tus tesoros...

Crecer es aprender a despedirse...
de los años en los que las madrugadas se quedaban escasas, de esos en los que la vida parecía pesar menos sobre la espalda... crecer es entender que la carga crece con el paso del tiempo, que las ilusiones se rompen... que la decepción viene demasiado a menudo a verte...

Crecer es aprender a despedirse...
lo primero de quien eras, después de muchas otras cosas... es descubrir que algunos adioses duelen menos, es descubrir que un simple momento se puede vivir como algo extraordinario... es aprender a valorar las cosas pequeñas como grandes tesoros por si existe esa despedida...

Crecer es aprender a despedirse...
pero nadie dijo que eso fuera malo...


Una noche, la tele me escupió luna frase que me resonó en los oídos... la pronunció Risto Mejide desde ese otro Chester suyo delante de Laura Pausini... la twitteé para no olvidarla y, curiosamente, me la aprendí de memoria -algo realmente raro en mí-... crecer es aprender a despedirse, pienso en esa frase todavía hoy... nunca escuché una verdad tan absoluta...

Foto | facimadevilla en Instagram


jueves, 10 de marzo de 2016

No me celebres un día...







"Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son los más interesantes"

Chavela Vargas


Dedicado a todas nosotras porque todas hemos vivido alguna de estas situaciones, de cerca o de lejos...
 Dedicados a todos esos "ellos" que tenemos en nuestra vida y que saben tratarnos como a iguales...

No me celebres un día, no me regales el 8 de marzo por hacer ruido en los periódicos...
por demostrar que puedes ser, como dicen los padres, progre...
por ser moda por un día para que lo olvides el resto del año...

No me celebres ese día...
tan solo aprende...
a ser humano sin diferencias, sin sexos...
sin supremacías ridículas...
sin hombrías absurdas que supongan ser más que nadie...
aprende a respetar... 
a entender que cuando no quiero algo, no lo quiero...
métete en la cabeza que el hecho de hablar contigo no significa que quiera nada más...
que ni siquiera el hecho de besarte lo supone...
que no tienes derecho a tener lo que no quiero darte...
que no eres más que yo para decidir por mí...
practica el respeto no ridiculizándome por tener tetas a los 14 años...
no juzgándome con términos como puta, guarra o golfa cuando eres culpable de los mismos pecados que yo...
no sentencies si bailo para mí aunque tú pienses que lo hago para provocar a los demás...
descubre que me importa un puto pito el mundo más allá de mi ombligo, más allá de mi propia libertad... 

No me celebres ese día, no lo hagas...
entiende que no soy como tú, ni más ni menos...
igual pero distinta...
idénticos a pesar de nuestras diferencias...
comprende que tengo derecho a decidir mi vida sin que tú me impongas la tuya...
sin que sean tus dictámenes los que pesen sobre mis sueños...
sobre mis esperanzas, sobre mi manera de sentir...
entierra por fin esa frase maldita de "eso es cosa de mujeres"...
porque no hay nada que lo sea, porque nadie tiene derecho a imponer que así sea...
porque la elección de qué hace o no hace una mujer es solo cosa de ella...

No me regales ese 8 de marzo que revuelve el mundo por un día...
regálame cada uno de 364 que quedan del resto del año...
no por hacerme un favor sino por justicia... 
no me niegues tener una vida profesional por querer también tener una vida de madre...
celebra conmigo que, tras las puertas de muchas casas, no haya ni miedo ni muerte...
haz que podamos salir a la calle sin temer que nadie vaya a hacernos daño...

No marques más este día en el calendario...
déjame vivir, sin más...
para compartir mi vida contigo...
en una oficina, en el metro...
en casa, en un bar...
por teléfono...
o de ninguna manera si yo no quiero...

No me regales ese día en el calendario...
tan solo respeta que soy... que estoy...
que elijo...


jueves, 25 de febrero de 2016

Los ojos de Maru

Miro la silla verde y me acuerdo con nitidez del momento en el que me la regaló… un mediodía en el bar, uno de esos muchos en los que venía en su silla de ruedas a tomar un mosto y al que yo correspondía bajando a saludarla… te gusta cómo queda la silla Maru, le dije después de haberla pintado de nuevo… contestó con ese "sí" tan largo suyo que acompañaba arqueando las cejas para dedicarte una mirada cálida… los mismos ojos con los que sonreía y que, incluso en los días malos, brillaban tantísimo… los mismos que, siempre que iba a verla, le pedía que me enseñara apelando a su coquetería… esos ojos tan guapos son para enseñarlos Maru, le decía… una provocación a la que, últimamente, solía responder regalándome una mirada cansada...

Mi suegrabuela, así llamaba yo a Maru… a esa mujer que trajo al mundo al hombre con el que comparto mi vida y que me metió bajo su ala al poco de conocerme… primero con recelo, mirándome con esos ojos suyos con curiosidad y distancia… presentándose cautelosa ante esa chica que ya conocía y que, como me dijo ella, siempre pensó que se casaría con su nieto… una distancia que respeté, mirándola de lejos desafiando a la gravedad en el huerto o bajando de pasarle revista a sus gallinas… fue su mirada la que, poco a poco, me dio permiso para acercarme a ella… para sentarme a su lado a charlar, para escucharla contarme páginas de su vida… para dejarme alucinada con su increíble capacidad de memorizar números de teléfono, unos que tenía apuntados en un cartón a modo de agenda por si acaso… para no sentir pudor por regalarle alguna flor para ese jardín suyo que tanto le gustaba… para disfrutar viéndola refugiarse debajo de mi ruana colombiana multicolor… 

Al lado de Maru y al amparo de esa manera suya de mirar que sonreía o castigaba, descubrí más de ella… de cómo habían nacido todos y cada uno de sus hijos, de cómo con un abrigo que le regalaban hacía ropa para tres de ellos… descubrí su nostálgico dolor por la leña que su madre no pudo recoger cuando ella y sus hermanos eran niños, su abnegación por sacar adelante a sus hijos con amor y mano dura en la misma proporción…  de ella aprendí que quejarse es un privilegio moderno para quienes no hemos vivido la miseria de una guerra y sus consecuencias… detrás de los ojos de Maru, había mucha historia… y, a pesar de toda ella, sonreía y se reía de lo que le rodeaba pero sobre todo de ella misma… descojonándose con pequeñas gamberradas a pesar de haber deshojado tantas páginas de su calendario, haciendo con esos pequeños momentos que esos ojos tan suyos tuvieran el brillo pícaro que quizás no pudo tener en su infancia… disfrutando como una cría con cualquier dulce que cayera en sus manos, honrándome con su alegría si le hacía un bizcocho para ella… 

Los ojos de Maru eran los de una madre… madre de los hijos que había parido… madre de sus nietos... pero, también, de quienes ella quería y elegía… de aquellos que, sin ser de su sangre, había decidido meterse en el bolsillo… con gestos sencillos y humildes como una docena de huevos, agarrándote fuerte de la mano… riendo contigo… echándote de menos cuando un día no subías a verla, preocupándose si te ibas de viaje… Maru era una mujer generosa de corazón, como solo la generosidad es auténtica… una mujer capaz de entender con 80 años y cariño que aquella chica con edad de ser su nieta era, de pronto, una de sus nueras… 

Hace unos días, Maru me regaló una de sus miradas… lo hizo igual que los últimos 14 meses, en ese riguroso silencio con el que la vida le echó un auténtico pulso… con el que la vida nos privó de poder escucharla y nos enfermó de la angustia de que no pudiera decir nada… abre un poquito esos ojos tan guapos, volví a decirle hace unos días… y por última vez, hizo el esfuerzo de abrirlos para mirarme… 

Hace una semana que Maru decidió dejarme en herencia esa última mirada suya, una en la que se mezclaban de manera juguetona el azul y el verde… unos ojos que, durante estos años, me han mirado más como una madre que como una suegra… dándome calor y cariño… haciéndome sentir parte de su gran tesoro, de esa familia en la que ejercía de faro con su sola mirada...

sábado, 14 de marzo de 2015

Desde el corredor...


Una Mahou a medias... el fresco de una tarde de marzo... los últimos pájaros que pían en alguna parte del bosque de alrededor de casa... el cielo está encapotado pero todavía la luz se escapa entre las nubes grises que huelen a frío y a agua... sonrío... paz, mucha paz...

Este es mi sitio favorito de la casa, decía hace un rato... de pronto, suenan Los Secretos desde dentro... aunque tú no lo sepas... y solo pienso en lo mucho que he echado de menos este lugar... esta casa de Heidi que considero mi casa... un lugar que es, sin duda alguna, nuestro propio pedacito de paraíso...

Los Narcisos que me recuerdan a los Capilotes de mi Tierra Prometida ya han florecido... miran hacia fuera de este corredor... este espacio que ni es dentro ni es fuera, este espacio tan característico de las casas tradicionales de Asturias... el mismo desde el que puedo ver ese macetero que hemos limpiado, ese en el que hemos plantado vida con la esperanza de que nos regale la vista... Calas aquí, una Hortensia allí... imaginando esa primavera que está por llegar y que aquí sabe de una manera muy especial... imaginando ese paisaje nuestro que, aquí, sabe sobre todo a flores... a días de sol... a la humilde felicidad de compartir una cena de verano bajo el hórreo...

Empiezo a notar el frío sentada en este sofá del que un vendaval nos quitó un cojín... el mismo en el que cada uno ocupa una esquina de él... cada uno en su mundo, charlando a ratos... callando... disfrutando únicamente de la compañía en la distancia... con esa calma que da estar en casa como en el parchís... poniéndole ilusión, simplemente, a poner unas lucecitas bajo las vigas del dormitorio... convirtiendo en macetas botas de goma encontradas una tarde de viernes y paseos por Ribadesella... no estoy de vacaciones pero las siento como tal a pesar de mis posts, las notificaciones o los Skype de trabajo... saboreo la calma de hacer de esta casa otra vez nuestra casa... de convertirla, con pequeños gestos, en un lugar más acogedor... en un espacio nuestro que debíamos de reconquistar, con el que nos teníamos que reconciliar... todavía es raro estar aquí y no escuchar a Juan llorar desde abajo porque nos ve y no puede estar con nosotros... nadie dijo que los paraísos no estén exentos de cierta melancolía, de esas cosas que el tiempo nos quita aunque también nos ayude a hacer que duelan menos...

Humedad, tierra y olor a humo... esa es la combinación de este lugar... uno en el que un sapo se pasea por el portal al sol, ese lugar en el que puedes ver a un pájaro carpintero hacer un agujero en un árbol... el que el atardecer y la madrugada suenan a aullido de lobo... a calma, a frío... a distancia con el mundo...