
Pero la realidad es bien distinta... tú te levantas un día cualquiera y nada encaja... piensas que es momento de desayunar, pero tu reloj marca la 1.30 de la tarde... y te preguntas ¿tanto he dormido?, ¿en qué momento?... y te quedas con la duda... desayunar o no, he ahí el dilema... el resto del día es por el estilo... comes a las 2 de la tarde, antes la una... y a eso de las 6 de la tarde, léanse las cuatro del día anterior, estás que te subes por las paredes... decides ver una película y relajarte, tomarte el domingo con calma... y vuelven a surgir los problemas... ves la parrilla y te preguntas ¿la hora, será la de ayer o la de hoy?... y tanteas... te planteas qué hacer... "ni pa ti ni pa mí, si empieza a las 5, dios sabe de qué día, enciendo la tele a y media"... si el cálculo no te falla y la revista del Plus cumple con su horario del día en que cambia la hora, sólo te habrás perdido la primera media y definitiva hora de película...
Y parecerá una gilipollez... pero para cuando llega la hora de la cena, no tienes hambre... pero tienes que cenar porque al día siguiente es lunes y tocan diana temprano... y te acuestas... con los ojos como dos platos.... completamente despejada... coño, claro... son las 12 pero en realidad es la una... y ese angelito del cerebro te recuerda que, sea la hora que sea, al día siguiente te levantas a las 7... y que la oficina no se equivoca de horario ni se plantea si andas que no sabes ni por dónde te da el viento... que tienes que llegar a las 9 -pero ¿a qué nueve?, ¿a las de ayer o a las de hoy?- y que o cierras pronto los ojos y empiezas con tu fase REM o mañana ni la grúa municipal te saca de la cama...
Pero, pese a la coherencia... al pánico a llegar tarde... pese a no saber ni qué hora es de verdad... te sientas delante del ordenador... para intentar averiguar a quién demonios se le ocurrió esta feliz idea...