sábado, 16 de noviembre de 2013

Viento...




"No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos"
Proverbio holandés

A veces, llega y me arrastra... me tira por el suelo, me arranca los pasados... el viento a veces barre hacia el presente lo que se quedó guardado en un cajón... bajo siete llaves, cerrado con muchos candados... lo que se tiró a la basura... lo que simplemente, no quiero recordar... es un viento frío, uno árido.... uno que quema la piel con sólo rozarme... uno que me apaga la voz, que me quita el brillo de los ojos... uno que es capaz de quitarme la sonrisa que, hace poco, me pidieron que nunca dejara de tener...

A veces, el viento llega y me despeina... me alborota las sonrisas, me despierta los sentidos... me mueve las hojas de los árboles, me arremolina las palabras en la puerta de casa... es cálido, dulce... un aire que te llena los pulmones, que te acaricia la nuca... de esos que parecen beso pero son abrazo... es un viento capaz de cambiar de sitio las nubes, de sacar al sol de su escondite aunque no pare de llover... de hacer brillar mi mundo con solo soplar... con solo estar...

A veces, el viento me taladra los tímpanos... se me mete en la cabeza como un mal sueño... haciendo eco en mis oídos, sin dejarme oír absolutamente nada... silbando con rabia, adormeciéndome el mundo... un viento capaz de sacar sobre la mesa todo lo callado, un viento que a la vez te impide dejar de callarlo... uno que es tan cruel que te acaba convenciendo para seguir manteniendo el silencio...

A veces, el viento solo viene a hacer sonar las ventanas... para recordarnos que existe, que está... hace una carantoña, nos guiña el ojo y desaparece... solo para reivindicar que es, para advertir de que puede volver... un viento juguetón que revuelve los viejos goznes, que hace chirriar placenteramente los quicios...

A veces, el viento nos hace ir a buscarlo... con la malicia de un niño que roba, con lo canalla de hacerlo sonriéndonos... es un viento caprichoso que consigue que vayamos en su busca... desafiando al mismísimo Eolo, viendo cómo se divierte contemplando cómo no logramos alcanzarlo... un viento descarado que se lleva nuestro tiempo sin que nos demos cuenta... uno que nos roba un poco de vida...


Y buscando vientos, me encontré con uno que me recordó que tenía un post llamado Viento pendiente de publicar... con un dibujín en una raya obra de Toño Velasco que no para de recordarme lo bonito que puede llegar a ser un día de viento... desde hoy, ese viento es mío...

Foto | "Qué viento", serie Dibujín en una línea de Toño Velasco

sábado, 9 de noviembre de 2013

Las manos de Isaura...



En sus manos, el mundo se ve desde otra perspectiva... a ras de suelo, mirando el parquet de su habitación... mientras, el tiempo se detiene entre contracturas, agujas de acupuntura y aceite de rosa mosqueta... tumbada sobre el suelo, ella sentada a mi lado... el mundo de Isaura es una burbuja de dolores y caricias, de alivios y palabras... es un tiempo compartido con ella en el que sus manos deshacen nudos mientras sus palabras deshacen otros... la veo por el rabillo del ojo... cuando sonríe, se le achinan los ojos... unos que brillan horrores, unos que demuestran su increíble valentía de plantarle cara al mundo... si volviera a nacer pediría volver a tener la enfermedad, me cuenta entre confidencias confesables... no puedo dejar de admirarla desde que la conocí... el mundo de Isaura se vive desde una silla de ruedas desde que una enfermedad la sentó en ella... una enfermedad que perdió la batalla el día que ella decidió ganarle la partida... una victoria que demuestra diariamente ya no solo por su forma de vivir sino por su afán por llegar incluso más lejos que sus ruedas... vengo a que hagamos juntas el cursillo acelerado de decir no, le dije al entrar en su casa... se reía, sonreía... como siempre... con ese carácter que es azúcar y limón simultáneamente... con esa increíble generosidad de no saber decir que no incluso en contra de sí misma...

Las manos de Isaura se me clavan en la espalda tocándome dónde más me duele, sus palabras también me tocan los nudos... desnuda sobre su suelo, me desnudo todavía más... dejando caer a veces lágrimas, riéndome a carcajadas en otras ocasiones... sintiendo mucha paz incluso a pesar de que me está clavando un dedo dónde más de duele... Isaura te cura el cuerpo y te pone una tirita en el alma... con dureza, con dulzura... de la misma manera que te quita los nudos musculares... su voz es de una manera y tiene un vocabulario cuando te habla la amiga, su voz es completamente diferente cuando te habla como profesional... irremediablemente, tienes que confiarle tu espalda y tu vida... porque, en alguna parte de esas manos, tira de tu existencia para que te quedes en pelotas... para que no sientas pudores ni vergüenzas, para que los dolores duelan menos a pesar de la resaca que deja cada encuentro con ella...  ella sonríe con la mirada, a veces te abraza solo con cómo te toca la espalda... pero siempre te despide con una sonrisa...

Es curioso, hace todo eso con las mismas manos con la que lleva adelante su vida... con las que comunicó que se iban ellas y ella de vacaciones... unas manos que son más que manos, que hacen más que curar... que tienen una magia que va más allá de lo que aprendió en un aula de Fisioterapia o de Medicina... sin darse cuenta, con cada giro de manos y de rueda, llega un poco más lejos... un poco más dentro... cambiándote un poco mientras miras el parquet de su habitación... mientras compartes tiempo con ella sin apenas verla... mientras te descansan la mente y el alma... ella no es consciente pero, con cada sesión, es capaz de deshacerte los fantasmas... de apaciguarte los dolores... de coserte un poco más de vida...

Foto | facimadevilla

miércoles, 21 de agosto de 2013

Ali, la vida y la muerte...

"La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y, cuando la muerte es, nosotros no somos"
Antonio Machado


Llegó como llegan todas las noticias inesperadas... por sorpresa, sin avisar... así es ella, esa gran dama llamada Muerte que es lo único seguro que todos tenemos en la vida... abrí el ojo debajo de mi ventana velux sin persianas que me recordaba que Lorenzo había salido, que era muy de día para mí aunque para otros fuera de noche... Ali ha fallecido, leí en un mail protocolario que Tito enviaba intuyo que haciendo un inmenso esfuerzo por domar eso que se llama corazón y que todos tenemos... con los ojos medio abiertos, tuve que releer... una vez más, otra más... así hasta cuatro que me hicieron incorporarme de la cama por si lo que estaba ante mis ojos era un error... cómo es la mente, pienso ahora sobre ese momento... porque, de pronto y en mitad de esa somnolencia de la que me cuesta tanto desnudarme por las mañanas, se me empezaron a disparar cientos de imágenes de ella... de su sonrisa, de esa otra sonrisa de después cuando una de esas enfermedades mentales de las que ninguno estamos a salvo decidió instalarse a vivir con ella... de pronto recordé el día que la conocí en Steinberg, el día que ella y su inocente dulzura aparecieron en la puerta de la oficina para tratar de llevarse a Alex a casa... Ali ha muerto, pensé una vez más sin salir de la cama... dándome cuenta de lo injusta que es la vida... de lo jodida que puede llegar a ser a veces cuando esa gran dama en la que tanto pienso últimamente viene sin avisar y antes de tiempo... poco más de cuarenta años, me repetía a mí misma bajo el agua caliente de la ducha... una vida que le tocaba vivir y que le arrebató primero su mente y después la propia vida...

Llevo dos días en shock, pensando en su manera de irse... en esa lucha por amor que Alex emprendió el día que ella enfermó y dejó de ser completamente ella... pensando en su sonrisa con el cachorro que era Bamba, pensando en las muchas veces que compartimos tiempo juntas... pensando en todo aquello que la vida le regaló sin merecérselo y que la convirtieron en otra persona a pesar de que la Alicia que conocí seguía viviendo dentro de ella... se fue haciendo el muerto en el mar, mirando el cielo... sin sufrir, sin penar... sin tener que seguir escapando de esa enfermedad que llegó un día para destrozar sus cimientos y los de quien tenía al lado a pesar de ella... se marchó un lunes de agosto viendo el azul de un día de verano y dejándonos a los demás el recuerdo de quién era antes de ponerse mala... era imposible no regalarle un trocito de corazón, le dije a Alex en un estúpido intento por consolarle... pero era completamente cierto y absolutamente inevitable no hacerlo...

Bendita dama cabrona, pensaba esta mañana... maldita sea por necesitarla para darnos cuenta de que, a veces, esta cosa llamada vida es mucho más corta de lo que pensamos... que se marcha sin avisar, sin dejarnos despedirnos... sin dejarnos terminar de hacer todas esas cosas que tenemos pendientes de vivir, todas las que dejamos aparcadas porque perdemos mucha vida sin darle importancia a lo más importante... a que estamos vivos, a que respiramos... a que nuestro cuerpo sigue permitiéndonos ser y existir y vivir... quizás Ali se ha ido para recordarnos a muchos que vivir es un viaje de ida y que, con todo o sin nada, hacerlo es el mejor regalo... 


jueves, 1 de agosto de 2013

Escuela, familia, periódico y adiós Crónica de León

 

"Donde mora la libertad, allí está mi casa"
Benjamin Franklin

Hoy, ese papel que tanto me gusta se ha muerto un poco más... hoy también lo ha hecho la libertad de pensar y de opinar... hoy, después de 27 años después de aquel primer titular de "Así nace un periódico", esa Crónica de León que es más que un periódico dice adiós... en el quinto kiosco lo he encontrado, me decía mi hermana esta tarde, era el último que quedaba... hoy, ese lugar que conocí y que era una pequeña familia con sus desavenencias propias desaparece para dejarnos a todos un poco más huérfanos... sonrío... mi mejor experiencia laboral, digo siempre que hablo de un lugar que visitaba religiosamente cada vez que subía a ver a mis padres... la primera visita obligatoria previa incluso a llegar a casa... me dejaba caer por aquella redacción fría en la que la gente le ponía color para sonreír, para recordar... para que Fulgencio me llamara Miss Acevedo o aquel tutor al que tanto le avergonzaba el título me vacilara por las pintas que llevaba... para, de alguna manera, no soltarle el ancla a una nostalgia muy sana... la de los buenos compañeros, la de trabajar mucho... la de tener la oportunidad de hacer, la del increíble don de que me dejaran hacer... te ha tocado Economía, recuerdo que me dijo en mi primer día un Antonio Corcoba que suponía un auténtico desconocido, has sido la última en llegar y no la quería nadie... así de sincero fue y, francamente, a día de hoy me alegro mucho de que esos otros becarios de mi época rechazaran la silla que me tocó ocupar...

La Crónica era una familia peculiar... una formada por muchas palabras en una redacción ruidosa en la que, a partir de las 6, se hacía un silencio que solo se rompía con alguna excursión a la máquina de cafés... un lugar en el que Lolo siempre llegaba tarde bajo sus gafas de sol a pesar de ser de noche para entregar la viñeta, el lugar donde Esther picaba las esquelas poniéndole una sonrisa... el mismo en el que López revelaba aquellas fotos tan cojonudas que nunca entenderé cómo podía hacer bajo un flequillo que le cubría media cara... la Crónica no era solo un periódico, no era solo un grupo de periodistas que se sentían como tal... un hervidero de noticias, de sonrisas y risas... de cabreos... de mucho buen periodismo, de mucha buena gente... de esa que te adopta cuando solo llevas una semana, la que considera acto religioso obligatorio tomar un vino en el bar de al lado antes de irse a comer... el lugar en el que viví que me amenazaran por teléfono con pegarme un tiro entre las cejas, el mismo en el que Ana Fron y Susi compartían carcajadas y vida... aquel en el que Marian esperaba entre noticias la llegada de su primer hijo... el lugar en el que se visitaba a los compañeros moviéndose en una silla de oficina con ruedas...

Hoy, casi tres décadas después de nacer, la Crónica no se muere... para eso, tendrían que desaparecer sus ríos de tinta... todas las sonrisas y malas leches vividas entre aquellas cuatro paredes... todos y cada uno de los reencuentros entre compañeros porque así era como nos sentíamos... hoy la Crónica solo deja de estar en nuestro día a día, deja de estar sobre las barras de los muchos bares donde siempre suponía sonrisa echarle un vistazo en profundidad buscando firmas amigas y conocidas... deja de contar las cosas a su manera, deja de pelearse contra los elementos de un sector tan encantador como canalla... nos deja la ausencia a todos los que la sentimos... a todos los que nos supuso como a mí la primera Facultad de verdad de periodismo, la primera vez en la que el gusanillo de contar me devoró por dentro... la primera vez que sentí ilusión de verdad al ver mi nombre sobre el papel...

Hoy ha sido difícil encontrar un ejemplar de esta última Crónica en León y de León... y supongo que, a pesar de todo, no puede existir una mejor despedida...