
viernes, 23 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
Lunares, luces de Navidad y unos pantalones naranjas...
Miro desde hace un rato esos lunares blancos sobre fondo
rojo que busque con tanto ahínco y siguen sobre mi mesa… están en el mismo
lugar donde los dejé… eran parte de algo que pensé hacer con cariño, algo que
quería ser un guiño a pesar de que las circunstancias fueran distintas… lo ideé
durante días, imaginándome la composición perfecta… pensando en las palabras
que escribir en la tarjeta… esas que formarían parte del impacto… miro los
lunares… siguen aquí, llegaron antes de que este temporal de emociones inundara
mis horas… no puedes ponerte la tirita antes de hacerte la herida, me dijo ese
oráculo que siempre hace por bajarle las revoluciones a mi cabeza… esa gran
frase que yo tantas veces había dicho, esa con la que he intentado ayudar
diciéndola a otros… haciéndolo con convicción… me río… quizás de tanto
repetirla, se me olvidó aplicármela… o quizás es que, una vez más, el miedo se
apoderó de mí… uno infundado en esas cicatrices que te deja la vida, creado a
golpe de tropezón y labios sangrando que todos coleccionamos…
Sigo con los ojos fijos en unos lunares, esos que son sólo
una parte de un todo que imaginé en mi cabeza pero que todavía no existe… no me
va a dar tiempo, me digo a mí misma ahora que ha pasado el huracán… ahora que,
a golpe de palabras que se sienten como caricias, he logrado estar en paz… una
que desterré por ese gran error humano que supone el pánico… el pánico a vivir,
el pánico a pagar la factura de vivir… de jugar al juego de apostar y arriesgar
a pesar de saber lo poderosa que es la banca del tiempo… esa que muchas veces
gana, ese al que muchas veces tememos… somos el resultado de lo que hemos
vivido, he dicho por teléfono en la que ha sido mi primera conversación con un
conocido desconocido… sonrío… en este miércoles que casi apura el año, he
permitido caer en el viejo error de temer… he llegado a esa conclusión cuando
en mitad de la Gran Vía no he podido evitar llorar… rodeada de gente
desconocida, sintiéndome inmensamente sola en mitad de una multitud…
sintiéndome inmensamente acompañada por muchas palabras silenciosas, muchas que
sólo los ojos pueden oír pero que logran arrinconar al miedo… perdóname, he
dicho con los dedos, creo que son estas fechas que me ponen un poco ñoña… lo
decía mirando de reojo las luces de Navidad de esa calle que para mí es el
corazón de Madrid, el de mi propio pasado no vivido… esa que me gusta recorrer
en coche de noche… la única que me recuerda que Madrid siempre late como lo
hacen todos sus habitantes… a pesar de los tumultos, a pesar del tráfico… a
pesar de los miedos y de muchas otras cosas…
Me he comprado unos pantalones naranjas, confesé
compartiendo insomnio, necesitaba verme mona… lo sé, me contestaron… extraño
clan este de las mujeres… todas reaccionamos parecido… sigo mirando esos lunares
que me dicen que tengo una deuda pendiente con esa que era yo hasta que el
miedo se me escapó… suspiro… a mí las heridas de la vida me han enseñado a
vivir el presente, se me coló en las retinas recordándome lo importante que es
este viaje… uno sólo con billete de ida… uno en el que lo importante, al llegar a la estación, es bajarse del tren habiendo sabido ganarle al miedo... tan sólo habiendo vivido...
martes, 20 de diciembre de 2011
Tiemblo...
sin saber por qué, sin tener frío…
tiemblo sin tener un motivo…
le he apagado los faroles al barco pirata…
sólo suenan estas teclas…
tiemblo, aunque no sepa por qué…
lo que soy no se está quieto…
lo que tengo dentro de eso que soy tampoco…
la cabeza me va a mil revoluciones por minuto…
mi cuerpo se mueve bastante más despacio…
pero tiemblo…
pensando en esas palabras que, de pronto, han perdido parte
de su encanto…
creo que tiemblo por lealtad y por falta de ella…
por las medias verdades y las medio mentiras…
por los secretos…
creo que tiemblo por muchas heridas de mi vida…
esas que me han dejado cicatriz…
las heridas grandes, las más diminutas…
tiemblo porque esta vida consiste en vivir…
en sentir, en temblar al hacerlo…
masticando cada emoción…
sorbiéndonos cada lágrima…
creo que me hago mayor, pienso temblando…
soy más consciente de que falta magia a veces…
de que sobran sonrisas…
todo cambia, día tras día…
cambios imperceptibles que, a la vez, lo hacen todo distinto…
tiemblo al pensar que nos faltan verdades…
valor para saberlas, ser fuerte para enfrentarlas…
tiemblo sabiendo a qué saben esos momentos…
acabando de tragar su sabor para hacer la digestión…
me miro las manos sobre el teclado…
tiemblan…
tiemblan como lo hace el resto de mí…
sin poder detenerse…
tienes frío, me pregunta mi madre…
tranquila mamá, a veces tiemblo…
preferí no decirle que siempre que tengo miedo lo hago…
Foto | Van al Aire
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Sonrisas de cartón, mordiscos de marfil...
Sonreía…
parecía como siempre, algo era distinto…
parecía como siempre, algo era distinto…
sonreía de mentira aunque parecía de verdad…
una sonrisa de cartón…
impuesta por un guión…
orquestada al ritmo de la simulación de un extraño vals…
me guardé la sonrisa en el bolsillo…
no teniéndola muy en cuenta a pesar de todo…
tratando de no tropezar en esos pasos de baile que tenía que
bailar…
Sonreí…
esforzándome en un gesto que no lograba perfeccionar…
sonriendo de mentira, dejando ver que lo era…
fingía por seguir bailando la danza marcada…
sin ver las sombras, sin hacer caso de los susurros…
una sonrisa de cartón…
una que, a pesar de todo, no pude hacer mejor…
recordando muchas otras que no lo fueron…
mordiscos de marfil que regalé…
Sonreía…
por ese extraño cariño que crean otros por nosotros…
acusándome de tener una sonrisa bonita…
haciéndolo con una naturalidad sin avales ni letra pequeña…
no había cartón, sólo marfil…
una extraña química que sí reacciona…
que lo hace sin pasado que lo avale, sólo por instinto…
sin predefinirlo ni imponiéndolo…
dejándolo libre de ser o no ser…
Sonreí…
viendo sonrisas ajenas…
una conocida pese a ser distinta a todas las anteriores…
otra azucaradamente desconocida que pronto cambió de
etiqueta…
sin guión…
sólo dejándose llevar por esas peculiares cosas que tiene la
vida…
esas en las que el marfil supone una caricia…
una que parece no haber sido nunca sentida…
sonreían de verdad y parecía más que de verdad…
sin cartón, con besos…
con las ganas de, simplemente, sonreír…
Me quedo los mordiscos de marfil… los que me han acariciado,
con los que acaricio… me quedo con las sonrisas de verdad, las que pinta esa
extraña felicidad que se expresa pintando ese gesto en la cara… esas en las que
los marfiles nos acarician el alma o nos besan los labios… esas que se sienten
como calor, como cariño… como libertad…
Las auténticas… sin trampa ni cartón, sin bailes que bailar…
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Putas y periodistas, periodistas y putas...
Me llegó por privado en ese mundo azul que no existe… no sé
por qué me da, me decía ese buen amigo que compartió conmigo una República
Independiente gobernada por ambos, pero creo que secundarás este post… sonreí
al leerlo pensando en cuántas veces había comentado esa misma asociación de
palabras… putas y periodistas, periodistas y putas… todavía recuerdo la cara de
horror de mi padre la primera vez que se lo dije… somos putas papá, le decía
muy convencida, hacemos lo que nos pide un cliente… hay que chuparla así sea en
sentido figurado para poder trabajar, he dicho muchas veces, y hasta dejarse pagar
mal poder firmar en alguna parte… hoy, años más tarde, esta asociación resulta
haberse convertido en una auténtica alianza que le ha dado la vuelta a Internet
y a ese otro mundo imaginario a golpe de piada de pájaro… con la etiqueta de
“gratisnotrabajo”, España entera y sus informativos le han dado eco a ese
extraño matrimonio… putas y periodistas, periodistas y putas… el mismo gremio a
pesar de las diferencias… el mismo servilismo a un sistema, a un capital… a
tener nuestro hueco de papel como una puta se trabajó su pedazo de calle… a
defender eso que sabemos como ellas defienden a sus clientes… rindiéndonos,
ellas y nosotros, a lo que nos piden… a aquello que desea el que paga, a
aquello que dicta quién nos da de malcomer y al que todavía tenemos que estarle
agradecidos por habernos elegido… llevamos más ropa, pasamos incluso menos
frío… pero como putas que somos, empezamos la noche sonriendo para volver a
casa más solos de lo que salimos…
Lo más curioso es que esa simbiosis que de golpe ha sacudido la red –hasta el punto de encontrar un eco en los informativos- hace alusión a una frase de Cela… como las putas, decía esa ilustre pluma desaparecida que no tenía pelos en la lengua, podemos joder a capricho pero nunca bajamos los precios… me río tan sólo de pensarlo… de pensar que esa gran frase de Cela no se corresponde ni con las putas ni con los periodistas… nos quitarnos cada vez más ropa, enseñamos piel a cambio de cada vez menos… sólo por el hecho de poder trabajar, de poder firmar… de poder aparecer con ese nombre de cada uno que, al final, es lo que nos da de comer… lo que tú haces lo puede hacer cualquiera, he escuchado decir muchas veces cuando trato de defender que esta profesión más allá de ser un oficio conlleva un gran acto de responsabilidad… no todas la chupan igual, digo cuando ya me molestan comparando eso que hacemos quiénes creemos en el Periodismo con mayúscula con personajes como Belén Esteban… quizás el mayor grado de prostitución de este oficio sea precisamente encender la tele… ver cómo las cadenas se han convertido en burdeles de las palabras sin necesidad de que el alto standing se les cuelgue precisamente como etiqueta… asisto avergonzada muchas veces desde el sofá de mi casa a eso que hemos creado, a ese monstruo que es hacer un zapping y descubrir que eso es lo que consumimos… lo que demandamos… venden los polvos ajenos, los chillidos en un plató… las faltas de respeto… no sé quién fue antes, si la gallina o el huevo… si esa programación existe porque la demandamos o bien ha llegado un punto de tal aleccionamiento que no entendemos la caja más tonta que nunca de otra manera…
Periodistas y putas, sonrío pensándolo, putas y periodistas…
supongo que, a pesar de ese revuelo que se ha formado de golpe gracias a una etiqueta
de twitter, seguiremos comparándonos y sufriendo esa falta de respeto constante
que suponen muchas cosas del día a día en nuestra profesión… esas convocatorias
a una rueda de prensa en las que no están admitidas las preguntas, esas salidas
de tono de personajes como Bebe que se permite el lujo de decir un “que os
follen bien” al terminar su intervención… esas 800 palabras pagadas al mismo
precio que un giro de muñeca para hacer un café en cualquier bar de este país…
ese robo de artículos por descuido o imposición del que tienes por encima en la
cadena de mando… ese quitarle brillo a una profesión que, ya de por sí, está
llena de sombras…
Me voy a menear mi bolso a la misma esquina, a seguir
haciendo la calle… a seguir buscando clientes, a seguir esperando ese que me
saque de la acera… lo haré sin vender mi alma, sin quitarle glamour a una
cuidada desnudez… defendiendo una profesión a pesar de esos que se llaman a
veces profesionales… y sabiendo que, como ellas, nos merecemos dignidad…
Foto | Daquella Manera
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