sábado, 18 de octubre de 2008

Volver a sentir...

… el frío en las manos…
… las sonrisas asustadizas…
… las miradas vistas desde el rabillo del ojo…
… la carne de gallina…
… la música que entra por la ventana desde otra casa…
… el placer de la luz del sol en la cara…
… el mareo provocado por el exceso…
… las risas descontroladas por cualquier estupidez…
… las historias, las batallas, los cotilleos…
… las rencillas absurdas por política, dinero, tonterías…
… el desequilibrio de la risa…
… los trayectos en coche, sin parar de hablar…
… la enajenación de la noche…
… el encuentro… la ausencia… la compañía
… las ganas de bailar de golpe… de sonreír sin motivo
… los recuerdos con la calma que da el tiempo…
… que las heridas quizás nunca se curen, pero te recuerdan que has vivido…
… las torpezas… los tropiezos… los aciertos…
… escribir sobre un papel sentimientos… dudar
… la sonrisa de un niño con su lancha con motor…
… las charlas que te llevan a una ciudad del Atlántico…
… que alucino con las historias de la calle…
… sentir miedo ante el pasado… esperanza por el futuro…
… querer olvidar…
… la soledad entendida como una buena compañera de viaje…
… el amor… el odio… el rencor… la esperanza…
… las ganas de respirar profundo…
… una voz que llega del mar por teléfono…

29 años y una maleta de sueños

Cada día que pasa queda un poco menos… la cuenta atrás cae de manera implacable sobre mí… dentro de una semana, habrá llegado ese 0:00 que abrirá las puertas del 25 de octubre… un cumpleaños más… los 29 años… sólo de pensarlo me aterroriza… uno menos para los temidos 30… ese cambio de década… esa edad que, con 12 años, veías de una manera tan diferente a la realidad que vives ahora… es curioso porque, hasta hace poco, miraba con otros ojos a los amigos que había llegado a ese cambio… creía que en ellos había más sabiduría, quizás… más historias que contar… una vida en equilibrio, con esa balanza constantemente en la mano… y qué va, me he dado cuenta: es el principio del fin del caos… o así lo espero…

Y como cada año… cuando se acerca la fecha… me paro a hacer memoria de este año… de lo que he vivido, lo que he sentido… las cosas que he olvidado hacer –cómo no, dada mi buena memoria selectiva- y las que simplemente se han quedado en el camino… este 28 año ha sido complicado y, en gran medida, sigue siéndolo… difícil… diferente, extraño… cargado de dudas razonables –ay de quien no duda nunca!- y otras no tanto… cargado de una pequeña punzada de desazón por las cosas no vividas, las oportunidades que se escaparon, los errores que cambiaron el rumbo… me siento terriblemente vieja por dentro pese a ser joven… y quizás, ahora mismo, mi 29 año necesite empezar sintiéndome todo lo joven posible… atrás queda un año de cambios laborales… de traiciones propias y ajenas… un año de viajes pequeños con grandes recuerdos… un año de mucho pensar, mucho escribir –muchísimo!-, mucho sentir… con muchas sonrisas, muchas lágrimas y algunas pizcas de esperanza, el único capital que tengo… no he logrado pintar nada bonito, lo siento… creo que esa facultad la he perdido este año…

En mi maleta de sueños, pese a todos estos 12 meses con sus tantos días, sigo teniendo tesoros… muchos… de todos los tamaños… algunos embrujados y malditos, otros simplemente geniales… sigo teniendo a mi rubia al otro lado de ese teléfono con nuestras conversaciones, nuestros malos momentos… y lo mejor: la necesidad regular de saber la una de la otra… otra manera de vivir sería simplemente imposible… las extrañas tardes de sábado con Pons y un viaje a Cabo de Palos para desconectar… su paciencia, sus silencios, sus afirmaciones… las aventuras lisboetas de Pat esparcidas entre el secuestro de su coche, el móvil perdido en un taxi, los ritmo&compás y miles de mails, ¡miles!... creo que jamás olvidaré esa noche en Majadahonda, sentadas en un banco… una noche que comenzó con todas las lágrimas que podía llorar y que terminó de la manera más surrealista… esa noche me demostraste hasta dónde puedo contar contigo… la ausencia de Ana y ese rescate suyo una mañana de trabajo en el vivero… nuestro frustrado viaje a la playa… las mariposas… Silvia y sus increíbles argumentos emocionales que te hacen de colchón y te llenan de positivismo… no sé cómo, pero siempre lo consigues… la voz de mi hermana, esa niña que ya no lo es y necesito descubrirlo mientras la escucho hablar… los cafés con ella, esas charlas… reírnos sin ningún motivo durante horas… Irene con la pequeña froggy, una copia de su madre… una madre que es casi como una hermana y que ya va para 26 años de amistad… mi familia elegida, al fin y al cabo… una que, pese a no compartir sangre, siempre está ahí… esos amigos que llenan mis agujeros con conversaciones, risas y momentos de desconexión… y mis padres, que me enseñaron a reírme de mí misma incluso en las peores situaciones y que están siempre, ¡siempre!, ahí para soportar mis locuras y prestarme un hombro.

También tengo ausencias en este 28 año que se termina ya… estos últimos seis meses es como han sido, un vacío que me ha empujado a lamerme las heridas de otra manera… a veces creo que me ayudará a crecer, a madurar, a ser más persona… a valorar, quizás, lo vivido sin sacarle más brillo a los recuerdos… a encontrar, quizás, mi lugar en el pequeño mapa del mundo… ese que ahora mismo se reduce a puntos cardinales estrictamente localizados y que tan sólo me permite buscar dónde volar… soy una brújula sin sur pese a que la aguja siga buscándolo… llegan lo 29, Fátima, me repito… y tan sólo espero, dentro de mi superstición máxima, empezarlos con buen pie… comenzarlos con fuerza… reunir todos los recuerdos y almohadillarle las esquinas para que no me duelan demasiado más… me desbloquearé, lo sé… quizás este sea el empujón definitivo…

Esta maleta de sueños que preparo cada año sigue esperándome… todavía está a medio llenar, pendiente de que acabe de decidir qué me dejo y qué me llevo en este nuevo año… y es curioso, tengo una gran incógnita… una que, pese a mis esfuerzos, creo que sigue ocupando todo el espacio…

viernes, 17 de octubre de 2008

Hombre moderno, gato negro

(a las 5.30 de la mañana desde este pequeño punto del mundo)
Llegué sin muchas ganas en un día complicado para mí… la tarde había tenido demasiadas emociones… por una parte, una invitación frustrada convertida en un cuchillo afilado… por otra, una visita a casa de Irene y Marcos… con la pequeña Paula, con esa cara tan bonita… recordándome que, quizás, yo habría podido tener un pequeño tesoro así… pensé “quizás llegue, quizás más tarde, quizás…” mientras la miraba sonreírme con esa carita tan parecida a su madre… hoy por fin he logrado volver a cogerla en brazos… a tocarla, a achucharla… es curioso, qué malas pasadas te juega la mente… a veces, simplemente, asocias ideas inconexas sintiéndolas familiares… cuando nada tiene que ver la piel de un bebé precioso con un recuerdo…
Una breve excursión a Las Rozas después… una charla entre dos amigas de toda la vida que ven cómo sus vidas han cambiado, y cambian, en un momento… segundos que precipitan al fondo del precipicio todo aquello en lo que habíamos creído, por lo que un día apostábamos… por lo que peleamos… charlábamos en la puerta de esa urbanización donde vive con sus orquídeas cogidas de la mano, con las lágrimas asomándonos en el borde de los ojos… convenciéndonos de que ya llegará una buena época, que ya vendrá una página nueva de nuestras historias… que ya tendremos aquello que ansiamos y que se resume en uno: equilibrio… más sonrisas… menos lágrimas… y tras una despedida que, en nuestro caso, nunca es corta… 18 kilómetros pensando… con esa canción de Lagarto Amarillo y la mente lejos, muy lejos… a 800 kilómetros de distancia, en una tierra que conozco… imaginando, suponiendo, pensando… todos los gerundios imaginables…
Aparco en Amaniel a la primera, y Madrid me devuelve con una bofetada ese infecto ambiente de sus noches… cuando llego a la calle Pez, mi humor comienza a cambiar… me acerco al “Hombre moderno” a encontrarme con “El gato negro”… no pensemos mal, era el nombre de la fiesta… y el hombre, mi nuevo refugio… un lugar donde charlar, escuchar buena música y huir –por qué no?- del mundo durante un rato… al llegar, me presentan a un grupo de músicos… mira tú, todos malagueños… con ese acento pegadizo, familiar, querido… tan próximo y a la vez tan lejano… una copa, no más… una charla… el constante desvarío que supone una gorra dando vueltas por un bar... el perro de Paulov, “ensayo-error”, mi supuesta profunda mirada, literatura, las probabilidades de que alguien que te acaban de presentar recuerde tu nombre, mi anfitriona perdida en la fiesta, Rubén invitándome a cervezas –este chico así no va a hacer caja en su bar en la vida!-…y hablo, río, vacilo, bailo, fumo algo, bebo, divago, disfruto… y, sobre todo, escapo… a las 4 me bato en retirada, “buena hora” me repiten mis ya atrofiadas neuronas… “por hoy, no ha estado mal”… emprendo el camino de casa no sin antes prometer ante la estampa de Snoopy que asistiré a un ensayo del grupo de marras… buena gente, simpáticos… chicos con los que charlar, nada más, sin más pretensiones y pasar un rato agradable… se agradece que, de cuando en cuando, un hombre no busque únicamente tema contigo… el doble de Alfredo se despide de mí diciéndome “me has caído genial, eres una tía de puta madre” y yo le contesto “no me extraña, engaño… pero gracias dado que no me aguanto ni yo”… Rubén trata de que su socio no muera del amarillo que tiene, “a dónde vas?” me pregunta con esa voz apenas susurrada –y yo me pregunto, a este chico cómo le oye nadie hablando en el bar?-… contesto como puedo “a rescatar a mi coche del infierno de esta ciudad”… está sano y salvo, ya es mucho aunque no sea nada…

Lagarto Amarillo suena en mi radio… extraña noche, he logrado huir de mi propia realidad hasta llegar a mi coche… quizás nada tenga sentido, pero me siento vieja… y quizás ahora mismo necesito ser joven, todo lo joven que quizás no he sido en este tiempo pasado… duro de pensar… pasado, seis letras… de camino a Argüelles, me río de lo caprichosa que es la vida… mis nuevos “amigos”, esa buena gente del sur… la música de “Gato negro”, musicón para bailar… al entrar en Galileo, me doy cuenta… no soy ni tan siquiera una décima parte más libre de lo que era al salir… quizás esté, incluso, más atrapada de lo que creo… pero respiro, sonrío, lloro y me destripo… sí, una vez más… me desnudo sin quitarme ni tan siquiera la chaqueta… con la peor desnudez, la de los sentimientos… calor frente frío… no sé si para algo o para nada… quizás, simplemente, lo necesitaba…

miércoles, 1 de octubre de 2008

Turista en Madrid

Volvía caminando a casa una noche de sábado… los bulevares, esa calle que tantas veces he escuchado a mi madre decir que estaba llena de árboles en un paseo central que ahora mismo ocupan dos carriles… la madrugada se pintaba en el reloj y en esa extraña oscuridad inundada de luz artificial que vive en Madrid… Madrid… seis letras… un gigante de hormigón en el que estoy atrapada… caminaba viendo grupos de gente que se dirigían hacia las zonas de marcha… y yo saboreaba la soledad de mi paseo como si fuera un turista… mirando la ciudad con los ojos de un extraño… como si me maravillaran los edificios, como si el asfalto que pisaba no fuera el mismo que tantas otras veces… tantas otras tardes de fin de semana, tantas otras noches… cientos de madrugadas…

Caminaba como una extraña en mi propia ciudad y me gustaba la sensación… de golpe, estaba embriagada de sensaciones… sí, borracha de ciudad y de piñas coladas, una manera singular de celebrar el fin del rodaje… caminaba casi sin sentir el suelo bajo mis pies, tranquila, disfrutando del bullicio que me rodeaba sin que fuera consciente de ello… en mis oídos, sonaba sin parar “Goodbye my lover, goodbye my friend”… y en cierta manera, así me sentía… despidiéndome de la ciudad donde nací… que, de golpe, me parecía la misma pero tan diferente a la vez, una extraña conocida… y en algún momento de ese random musical, mi cabeza estaba en muchos años atrás… de golpe, no sentí los casi 29 años que cumpliré dentro de nada… seguía siendo de noche, pero en mi mente brotaban recuerdos de la Universidad… de amigos perdidos y encontrados… de los primeros curros, las conversaciones de madrugada en cualquier bar de Malasaña… volví a tener 23 años… atrás en el tiempo con el mismo escenario aunque me pareciera tan distinto… volví a vivir la sorpresa, la desilusión, los proyectos, los sueños… esos pedacitos de realidad que te hacen como eres y que, realmente, son los que construyen tu ciudad… tu propia ciudad…

Llegando a San Bernardo, le guiñé un ojo al Workcenter… cuántas noches me habré pasado ahí, con las carpetas de dirección de arte… viendo cómo pasaban los camiones de la basura, los municipales y algún que otro despistado que había decidido beberse Madrid entre semana… ya estaba cerca de mi propio barco pirata que, nuevamente, es mi refugio… mi hotel… los puertas del garito de abajo… las adolescentes semi desnudas, los adolescentes a la caza…

Madrid es distinto, pero es igual… definitivamente, anduve por sus calles con la maleta de los sueños… me sigo sintiendo turista… y me gusta pensar que mis raíces se han arrancado de este suelo…