domingo, 13 de diciembre de 2009

El juego de la moneda


"Nada sucede por casualidad, en el fondo las cosas tienen su plan secreto, aunque nosotros no lo entendamos"
Carlos Ruíz Zafón


Tiro la moneda al aire… cara, cruz… sonrío… a veces disfruto de esa incertidumbre de no saber hacia qué lado caerá… abandonándome a la suerte, a ese azar… otras sin embargo espero a que deje de sonar contra el suelo, con ese tintineo que se hace silencio… la miro con miedo, sin saber realmente si quiero saber el resultado… qué pasaría si la atrapara ahora mismo, me digo a veces cuando la veo flotar girando en el aire… qué pasaría si decidiera sujetarla con una mano… cerrar el puño… guardarla en esa caja propia de Pandora en la que atrapo todas las cosas… para no saber qué habría sido… para perderme eso que sabe a desconocido… sonrío… las cosas que pasan en esta vida son siempre por algo, argumentaba buscando una luna por la ventana sin poder despegarme del sofá… siendo consciente de que así es de caprichosa esta que se llama vida y que, a veces, funciona como una ruleta rusa…

Miro la moneda una vez más… la giro para ver ambas caras… para sacarle brillo a las dos opciones posibles… sonriéndole a una página escrita con otro lenguaje de la que apenas comprendo algunas palabras… de la que me gustaría seguir leyendo páginas… poniéndome extremadamente seria al recordar una conversación de esas de barra que tienes con una buena amiga… una de esas que te hacen subirle el sensor a la alarma, haciéndolo ultrasensible a cualquier influencia externa… uno que no entiendes, que no comprendes… uno que, simplemente, sabes que necesitas… bailé con mi moneda metida en el bolsillo… acariciando de vez en cuando su frío tacto… sintiendo el metal sobre las yemas de los dedos… reconociendo el dibujo de una de las caras, el de la otra… bailé escuchando repicar esas palabras dichas… esa mirada hacia el suelo… ese montón de sugerencias regaladas con el corazón sobre cómo lanzar la moneda… sobre qué lado elegir… uno que yo misma contemplé antes de comenzar con el juego de lanzarla al aire… antes de plantearme siquiera la posibilidad de que fuera nada más que una moneda más de las que te guardas en los bolsillos sin apenas prestarle atención…

Escuché la moneda tintinear desde lejos… dejándola rodar por un paseo… por el silencio… por esa cantidad de palabras que se atropellaron dentro de la garganta sin ser capaces de salir… sin lograr vencer a veces las medidas de seguridad… escuchándola sonar muy lejos… en otra vida, en otro lugar… recordando al cerrar los ojos cómo era jugar con ella entre los dedos… cambiándotela de mano constantemente… recordando lo que era sentir sus límites entre los dedos… tintineando sobre la mesa mientras me entretenía golpeándola sin más… sólo por oírla sonar… recordé todo eso mientras cerraba los ojos para escucharla lejos… para agudizar los sentidos y oírla aunque fuera por última vez con toda su nitidez… para saber que, de alguna manera, necesitaba mantenerla en una cierta distancia… para evitar lanzarla al aire… para evitar tratar de jugársela al azar y obtener una respuesta… tratando de decidir si la tiro desde ese puente al agua… sólo para que se la lleve la corriente… sólo para devolverla a ese lugar en el que comencé a jugar con ella…

martes, 8 de diciembre de 2009

Extraños aniversarios...


La vida es curiosa, de eso no cabe duda… lo pensaba mientras miraba esta tarde por la ventana… sentada en el brazo del sofá, con las piernas sobre el radiador… con una enorme taza de té en una mano, mi humo en la otra… mirando, simplemente, esas nubes que forman mi propio cielo de Madrid… el de una tarde de invierno con “Vaya con dios” sonando en este barco pirata… un disco que me recordó a una tarde de junio en Lisboa con una amiga que he perdido pero espero volver a encontrar… con esa misma a la que llamé hoy hace un año sin poder parar de llorar, la que me tranquilizó con esa paz que nos transmitíamos mutuamente… sonreía pensando en las ironías de la vida… en este 8 de diciembre que era el punto final de muchas cosas en mi mente… uno que marcaron a fuego en mi memoria hace un año sin contar conmigo… uno que, curiosamente, ahora no sólo no duele sino que resulta placentero…

Ha pasado un año desde aquélla noche horrible, pensaba hace unas horas mirando por estas ventanas… un año desde que se me volvió a romper la vida de una manera que sentí como un disparo a bocajarro en el estómago… un año desde la noche más fría de León, esa que me partió por la mitad de la manera más inconsolable… un año desde que viera a mi padre sentir la impotencia de verme sufrir… un año desde que mi madre llorara acariciándome el pelo al lado de mi cama diciéndome “no quiere, gatito lindo”… ha pasado también un año desde ese día que era un aniversario compartido… un 6 de diciembre de mi otra vida… uno en el que mi abuelo decidió marcharse, uno en el que empezó la que fue mi vida pasada… un día en el que, hace un año, sentí cómo se te clava el frío del silencio más gélido en el alma… lo que se siente cuando eso pasa… un día que, hace un año, compartí con esa rubia que me acompaña en esta vida… abrazándome en mitad de la nieve esa noche, susurrándome mientras yo no podía ni siquiera hablar… mi dolor era sólo mío, el suyo era verme así…

Ha pasado un año ya, me digo a mí misma… es curioso, hace muchos meses le tenía pánico a ese día y ahora apenas me he dado cuenta de que ha pasado… reconozco que tenía miedo a que ese día volviera a llegar y siguiera estando enferma de tristeza… de esa que se me metió en la sangre y de la que no conseguía curarme… suspiro… dejé de ser hormiga para convertirme en dragón otra vez… para mirar las cosas con la suficiente perspectiva como para no darle importancia alguna a una fecha que antes se me clavaba en el estómago… como para compartirla en una madrugada en vela en una clínica, en mitad del frío de la noche… fumándome un cigarro a medias pese a estar sola… como para hacerlo sin que duela, tan sólo contándolo como parte de lo que soy… como parte de mi propia película… quizás, únicamente, con la rabia que te dan las decepciones en la vida… sonrío… has pasado página, me dijo ayer mi madre con una sonrisa a la que se le escapaba la ternura por todas partes… una aderezada por esa música que alguien se llevó, por ese recuerdo familiar que se convirtió en negocio… sólo la sonreí y respiré… hondo, tan hondo que sentí cómo se me llenaban los pulmones… solté el aire como si aquélla frase y la expresión de mi madre me hubieran quitado un peso de encima… lo peor no es que no te quieran, le decía a mi madre, lo peor es no reconocer a la persona que tú querías… quizás la decepción sea el germen de esta vida nueva… esa que sientes cuando descubres las toneladas de daño innecesario… cuando descubres que eso que tanto ansiaste ahora carece de sentido… cuando descubres las cosas que quizás nunca lograrás perdonar… pero la realidad es esa… eso tan importante como fue una fecha en un calendario no es más que un leve recuerdo… uno que ya no duele… uno que he recordado sólo porque he compartido otro aniversario que no es mío… uno en el que me he sentido abogado Cum Laude del diablo...

Tenía curiosidad, lo reconozco, por saber cómo sentiría estas fechas tan íntimas mías… reconozco que me estaba retando a mí misma… enfrentarme a esa fragilidad que antes me suponían los recuerdos… la vida es curiosa, pienso suspirando… ha pasado un año y puedo colgarme el notable en la solapa… la goma de Milán ha conseguido hacer desaparecer gran parte de la mina que pintarrajeó el papel hasta taladrarlo… he logrado juntar los pedacitos que se me desperdigaron… esos que me ha costado recoger y volver a juntar… esos que, todavía, tienen alguna que otra fisura… cuando me asusto, dije avergonzada hace poco por teléfono a una voz que es susurro, me puedo llegar a poner muy gilipollas… me río… disfruto de ese vértigo que da el miedo, lo sé, aunque a veces me ofusque de la manera más brutal… pero río… hablo y sueño… me enternezco, sonrío… me divierto con pequeñas cosas, con grandes momentos… miro en vez de ver… escucho más allá de oír… me siento la piel, me siento a mí misma… de una manera jodidamente libre… y me gusta sopesarme con un año de perspectiva… sacar esa balanza y descubrir que no hay peso en uno de los platillos… descubrir que todo el que existe es únicamente mío…

Soplo la vela y no me hace falta pedir deseo... ya se ha cumplido...

viernes, 4 de diciembre de 2009

Galletas, música y secretos...



"Una emoción compartida es un contrato íntimo que va más allá de una palabra o un hecho"
Josep Marc Laporta

Tú estás zumbada, me dijo Isa con cara de alucine y mucho ojo muy abierto, ponerte a escribir a estas horas… me descojoné… o escribo, le contesté con mucho cachondeo, o reviento… recordaba su cara despidiéndose de mí desde el portal de su casa mientras desandaba el camino hacia casa… por el más largo, por ese que me permitía disfrutar de ese paseo por Madrid que tanto me gusta… en mitad de una noche cualquiera de jueves, oliendo el frío desde el coche… sin tocar con los pies el asfalto recién regado… con esas sombras que se cuelan por los recovecos de las fachadas y convierten este dragón de asfalto en un escenario casi teatral… con una pizca de irrealidad, con un poco de magia… qué guapa eres cabrona, me dijeron hace poco... lo recordé mientras esperaba a que se abriera el semáforo de Alcalá… sonreí… yo estaba mirando esta ciudad con los mismos ojos que me lo dijeron a mí… se le dije a esta ciudad que me vio nacer… lástima que a veces me mates por dentro, pensé con un poco de tristeza… sonreí a los siete grados de temperatura que sentía en el brazo, con la ventanilla medio bajada… con la música de los 40 Principales a toda pastilla, crucé Cibeles… fumándome un cigarro… rebobinando esta noche de chicas que había tenido un poco de todo… respiré al ver la Gran Vía vestida de Navidad… disfrazada de esa época del año que tan poco me gusta pero que, en esta ciudad, hipnotiza…

Subiendo esa calle que es el corazón de Madrid, recordé el inicio de una tarde que se convirtió en tormenta propia… de esas que no sabes por qué comienzan, de esas que te asusta que ocurran… me había arreglado para ese plan prefabricado por otro que se había convertido en una noche de amigas de la manera más improvisada… ese que tenía un sabor a patria prestada, a música… a la compañía de esa pieza imprescindible ya en mi vida sabiendo cómo sabía la falta que le hacía salir y despejarse… para curar sus propias heridas, esas que son tan suyas que incluso cuesta compartir… esas que me contó sin mirarme siquiera a los ojos… le había comprado el CD del tipo que íbamos a ver en concierto… ese tal Pablo Moro que desconocía pero que me acompañó durante kilómetros de vuelta a Madrid hace menos de una semana, ese que tenía letras que sonaban a poesía casera… cuando el objetivo de convertirme en mujer para salir estaba cumplido, llegó la llamada… esa que viví entre sonrisas… esa que hizo que, de la manera más tonta, explotara mi tormenta… la de sentirme ridícula de pronto… la de sentir que una simple caja de galletas podía ser un buen ejemplo para ilustrar una filosofía de vida… sentí esa extraña sensación en la boca del estómago… el celo de no querer compartir esa caja con nadie, un cierto egoísmo… como cuando de pequeña alguien te negaba uno de los caramelos que tenía en el bolsillo durante el recreo… lo peor no fue la sensación, sino sentirla… ser consciente de que la estaba teniendo… de no tener derecho ni razón para hacerlo… de pensar en lo irónico que era morder una galleta ya mordida… imploté al darme cuenta de que estaba sintiendo eso… molesta por hacerlo, encabronada por sentirlo… sorprendida, avergonzada… demasiados adjetivos… tenía que salir de casa a falta de salir de mí misma…

El primero en paliar mi locura mental fue el tipo del taller… llevé mi coche para que le cambiaran los tacos que sujetan el motor y acabé escuchando que habían cambiado veinte cosas que nada tenían que ver… encontramos una chapa suelta del motor, me decía el mecánico impertérrito, eso era lo que hacía ruido… cuando me dijo con una parsimonia absoluta que la habían quitado, simplemente, flipé… hombre yo no entiendo de mecánica, le dije, pero supongo que no estaría ahí porque sí… tras una explicación poco lógica, me conformé –la opción B era saltar por encima del mostrador y agarrarle del cuello- y decidí pagar para irme… seguía con mi caja de galletas tostándose entre mis neuronas… no tienes efectivo, preguntó… me dieron ganas de decirle que, de tenerlo, no le estaría tendiendo la tarjeta de crédito… volvió a preguntármelo dos veces más… mi masa de galletas seguía dando vueltas… el “mira tú, yo pensaba que la palabra no era universal” salió de mis labios de una manera igual de irónica pero menos borde… salí de allí para comprobar en una manzana que algo les pasaba a mis frenos… para volver a contrarreloj a decirlo en el taller… y para escuchar, como remate, que será que no recuerdo cómo frena mi coche… lo que vino después corresponde a esos rombos que, a veces, decido ponerle a mis pérdidas de control verbal…

Con la ofuscación en lo alto del moño, salí de allí para ir a la exposición… centrifugando frenadas… revolviendo galletas… me ofusqué tanto que me recorrí la calle San Bernardo dos veces antes de darme cuenta de que, si mirara y respiraba, encontraría las cosas… me descojoné, mi compañera nocturna de encabronamiento también… estoy demasiado buena para ser una Marbú dorada, le decía mientras tomábamos algo en el Café Comercial… se nos había antojado entrar en ese lugar de Madrid que huele a tradición y a rancio… a años pasados, a otras vidas anteriores a la que cada una vivimos ahora… nos reímos, para qué negarlo… burlándonos de las ironías de la vida, de las cosas curiosas que pasan… con una mayonesa que llegó cuando ya me había acabado la tosta… con un paso de cebra que cruzamos varias veces en menos de cinco minutos buscando el abono transporte de mi amiga que, descubrió después de volver al Café, sólo había cambiado de bolsillo…

Llegamos a esa sala Clamores siguiendo ese radar que tengo para regresar a esos lugares imposibles… nos reímos sentadas en una mesa al lado del escenario… nos reímos cuando le pusieron el JB más cargado que había tomado en su vida y al que ella respondió abriendo de manera sobrenatural los ojos… nos reímos más cuando, después de un sonríe y pestañea, el camarero nos dejó fumar pese a ser una sala para no fumadores… nos descojonamos asignándoles tipos de galletas a todos los que formaban parte de la banda que escuchábamos… mientras disfrutábamos de esa música que a Isa parecía estar poniéndole una tirita gigante en el corazón… la miraba perderse con los ojos en el escenario y me paré a mirarla así… para ver cómo flipó viendo entrar a Melendi en la sala… para escucharla decirme que se iba a pedir para Reyes al tipo que cantaba… cuando vi su cara al regalarle ese CD… sabía que te molaría, le dije mientras ella me abrazaba… pocos euros, una tontería… pero ella estaba siendo realmente feliz… en ese momento, mi caja de galletas mental desapareció de mis prioridades… desapareció de mis ironías de la noche, de esos sarcasmos que tanto me gusta afilar y que sé que a ella le divierten… desapareció, simplemente, para recordarme que ninguna de las dos lo somos… que éramos dos amigas disfrutando de una banda que nos gustaba pese a ser prácticamente unos desconocidos… de un regalo repostero que, quizás, había permitido paliar la tormenta… hecho con cariño, soy consciente…

Hablábamos sin parar mientras volvíamos a casa… mientras ella diseccionaba eso que la mata día a día por dentro, eso que le hace sentir un dolor inmenso de una manera tan íntima que no sabe cómo sacarlo de sí… sólo lo sabes tú, me dijo… me sentí afortunada por su confianza, por esa horrible condena que suponía para ella callarse… hablamos de anteponer la protección de los demás antes que la nuestra… de las heridas que nos auto infligimos cada vez que nos olvidamos de nosotras mismas… de esas pequeñas cruces con las que cargamos para evitar que otros sufran y que nos hacen sufrir a nosotras… sonreí mirándola… sabiendo que, para ella, enfrentarse a esa realidad era un punto de inflexión en su propia historia… su propia guerra… la más grande que, quizás, haya librado jamás… nos abrazamos en el coche… sabiendo que íbamos a vernos en apenas unas horas… en el mismo sitio de siempre, a la misma hora… delante de un café con leche, de un paquete de tabaco… me lo he pasado genial, me dijo antes de bajarse del coche… sonreí pensándolo… empezamos amasando, terminamos sonriendo… no es un mal balance para esta noche, me decía a mí misma mientras aterrizaba mis huesos en la cubierta de mi barco pirata… masqué esa masa pegada en las encías… esa que me había perseguido durante muchas horas… ajustándose a mis neuronas, soltándome la lengua… haciéndome sentir un inmenso huracán mental y físico… sonreí… forma parte del vicio de vivir, me dije a mí misma antes de encender el ordenador…


 
Un poquito de eso que nos acompañó poniéndole algodoncitos a un jueves... una pizca de lo que nos ayudó a reírnos de nuestras propias historias...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La goma elástica...




 "Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que, cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta"
Mark Twain




Vívelo mucho, me dijo esa mujer con nombre de marca que huele a flamenco, por qué no vas a disfrutar de las cosas que pasan así porque sí… me lo decía la misma que conocí de casualidad como resultado de una locura transitoria que no lo fue… una mujer que, en apenas unas horas, me llamó la atención de una manera brutal… por su manera de ver la vida, por su forma de hablar… por ese gen que tiene y que, probablemente, la convierte en alguien singular… de esas personas que recuerdas porque sí… sonreí… su frase me sonó a déjà vu… a esa que yo diría, a esa que yo he dicho en alguna ocasión a esa familia elegida que tengo a mi alrededor… me río… yo la predico sin parar y, sin embargo, no me la aplico… prefiero diseccionar… prefiero medir los miedos a decir, a escuchar, a pensar… a soñar… a sentir, en cierta manera, para qué negarlo… pero sonreí a lo que me dijo, deseándole que fuera feliz… que nos volviéramos a ver… con su “me ha encantado conocerte” sujetándome las manos, una frase que me sonó tan sincera como ella… tan de cristal como yo… no sé, supongo que a veces me gusta encontrarme con gente con la que no me hacen falta horas sino que me faltan…
Estiré mi propia goma, una que sujeto entre los dientes… una que comencé a sostener de la manera más tonta y que, ahora, noto como se tensa contra mis labios… noto como se hunde suavemente contra el inferior… salivo… trato de acomodármela… y sonrío… sonrío por las cosas peculiares que tiene la vida… por los cuentos de capitanes y princesas en los que paso las páginas queriendo saber más de la historia… siguiendo el relato línea tras línea, suspirando… no queriendo perderme ningún detalle… apagando la luz de la mesilla por las noches y rebobinando lo leído… lo vivido… sonrío… es curioso, en plena oscuridad es quizás cuando más siento esa goma tensa… cuando saboreo su extraño sabor… cuando me doy cuenta de que, antes o después, tendré que soltarla… supongo que sólo cuando comience a sentir que se rompe… cuando intuya que el latigazo se volverá contra mí destrozándome la boca… haciéndome sangrar… despertando un dolor del que huyo pero que no tengo miedo de enfrentar… me río… el dolor es una sensación relativa, me digo a veces… pero duele…
Salí a la calle para sentir el escalofrío que te dan las sensaciones… la adrenalina… la vergüenza relativa esa que me acompaña a veces y me hace preguntarme qué coño estoy haciendo… salí para abrir un libro que sabía a caricia… para ver algo que, aún desconociendo su procedencia, me hizo sonreír… me enfrenté a ese frío de noviembre con música… con una carta breve con destinatario y remitente… con una taza de esas letras medio maulladas que siempre me gustan y que huelen al canalla que es Sabina… mirando mi cielo de Madrid con una taza de té… escuchando, sin más… perdiéndome entre las nubes de un atardecer de invierno con la mente en otro sitio… con la cabeza sobre la almohada… midiendo la intensidad de mirar… escuchando a mi espalda cómo suena mi móvil sin prestarle atención, sonriendo a un sonido que reconozco... tratando de calibrar el impacto de esas fotos mentales que tenía y que, ahora, he ampliado para poder ver con más nitidez… un abrazo envasado al vacío… cómo respira una espera cuando deja de serlo… el mordisco en el alma… con el dulce beso de la goma apoyada sobre el labio recordándome que está… que la sujeto, que la tenso… que juego con ella… y lo que es peor, que me encanta hacerlo… que me gusta mirarla y sentirla así… y que, pese al riesgo, prefiero seguir sosteniéndola…
Me desperté para tener calor en mitad del frío… para notar el frío de golpe en mitad de tanto azúcar… para reírme y oír el eco de una carcajada… para sentir ilusión y vacío en un impas tan relativo que sentí vértigo… para revolver horas con una cuchara de café… para percibir el olor de las cosas, el de la experiencia… el de la pérdida de rumbo, el que tienen esos cruces de caminos tan singulares en los que a veces nos encontramos… mantengo un pie por delante de la delgada línea amarilla… el otro me lo sujeta todavía vivir… quizás porque recuerdo sensaciones olvidadas… quizás por la ingravidez que noto a veces… de estar a salvo aunque camine sobre el alambre… sonrío… me van los retos, no es nuevo… forma parte de mí, de mi manera de vivir… de mi manera de ver este barco que, a veces, no sé hacia dónde va pero al que sigo como una fiel pirata… a veces creo que se me ha caído el parche, otras que me tapa la vista más que nunca… otras que me he metido en un mar prohibido, uno de esos en los que lo más fácil es que te dejen con lo puesto… qué más da, me digo… nunca me había sentido tesoro, y es lo que persigue cualquier pirata que se precie…
Salí a la calle para sentir kilómetros… para reencontrarme con música metida en los bolsillos… con fechas marcadas en la cabeza… con recuerdos con una caducidad máxima de doce horas… medio día… una cuenta atrás que habría estirado tanto como la goma que sostengo… una llena de sonrisas, de silencios… de palabras… de más fotos mentales de esas que me llaman la atención… de esas que saco sin un motivo espectacular… tan sólo por esos pequeños momentos que intento capturar para mí y que, a veces, hablan sin decir… me callo, lo sé… soy la reina del silencio en un mundo gobernado por eso que dejé atrás pero que, en ocasiones, todavía me persigue… por esa hibernación absoluta en la que me escondí para escaparme de tantas sombras… de tantos fantasmas, para lamerme las heridas al ritmo que marcaba cada latido de corazón… para olvidarme de tantas bofetadas poniendo la otra mejilla… quizás para darme cuenta de lo que no merezco… de lo que soy… de lo que nunca debí permitir o, incluso, para sentir la rabia que siento ahora… la de saberme, sentirme… la de conocer qué hay más allá de esa puerta que durante tanto tiempo nunca quise cruzar ni tan siquiera por curiosidad… esa que me recordaba lo que guardé en un cajón por miedo a que me lo robaran… eso a lo que ahora he logrado quitarle algún candado pero que sigue estando bajo llave…
Volví a sujetar la goma desde este barco pirata… para verla balancearse al paso de los días… compartiendo cromos de un álbum que observo callada… uno que me gusta escuchar… uno del que me gusta lo que dice y hasta cómo lo hace… sujetándolo entre las piernas como cuando era cría, sentada sobre cualquier escalón… sintiéndome pequeña e inmensamente grande a la vez… estirando cada músculo, haciendo que cada hueso vuelva a su lugar… con un cosquilleo… un escalofrío… mi respiración… escribiendo un capítulo que no sé comenzar… sintiendo un beso más de esa goma elástica que se estira… saboreando el tacto del plástico que se vence sobre la piel… el de la piel que se rinde ante su presión… hablando dos idiomas distintos en una misma Torre de Babel… sonrío… eternos incomprendidos, pienso... se me acelera el pulso… suben las apuestas y en la mesa de este pócker a veces creo que voy de farol… me río… me lo beberé con tiempo, ese que todo lo cura y todo lo coloca… ese que permite que el puzzle cobre forma… el mismo que hace falta para rendirse… el mismo que hace falta para saber cuándo soltar la goma…


Una pizquita de canalla de uno de los discos que más me gustan de él...