
viernes, 23 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
Lunares, luces de Navidad y unos pantalones naranjas...
Miro desde hace un rato esos lunares blancos sobre fondo
rojo que busque con tanto ahínco y siguen sobre mi mesa… están en el mismo
lugar donde los dejé… eran parte de algo que pensé hacer con cariño, algo que
quería ser un guiño a pesar de que las circunstancias fueran distintas… lo ideé
durante días, imaginándome la composición perfecta… pensando en las palabras
que escribir en la tarjeta… esas que formarían parte del impacto… miro los
lunares… siguen aquí, llegaron antes de que este temporal de emociones inundara
mis horas… no puedes ponerte la tirita antes de hacerte la herida, me dijo ese
oráculo que siempre hace por bajarle las revoluciones a mi cabeza… esa gran
frase que yo tantas veces había dicho, esa con la que he intentado ayudar
diciéndola a otros… haciéndolo con convicción… me río… quizás de tanto
repetirla, se me olvidó aplicármela… o quizás es que, una vez más, el miedo se
apoderó de mí… uno infundado en esas cicatrices que te deja la vida, creado a
golpe de tropezón y labios sangrando que todos coleccionamos…
Sigo con los ojos fijos en unos lunares, esos que son sólo
una parte de un todo que imaginé en mi cabeza pero que todavía no existe… no me
va a dar tiempo, me digo a mí misma ahora que ha pasado el huracán… ahora que,
a golpe de palabras que se sienten como caricias, he logrado estar en paz… una
que desterré por ese gran error humano que supone el pánico… el pánico a vivir,
el pánico a pagar la factura de vivir… de jugar al juego de apostar y arriesgar
a pesar de saber lo poderosa que es la banca del tiempo… esa que muchas veces
gana, ese al que muchas veces tememos… somos el resultado de lo que hemos
vivido, he dicho por teléfono en la que ha sido mi primera conversación con un
conocido desconocido… sonrío… en este miércoles que casi apura el año, he
permitido caer en el viejo error de temer… he llegado a esa conclusión cuando
en mitad de la Gran Vía no he podido evitar llorar… rodeada de gente
desconocida, sintiéndome inmensamente sola en mitad de una multitud…
sintiéndome inmensamente acompañada por muchas palabras silenciosas, muchas que
sólo los ojos pueden oír pero que logran arrinconar al miedo… perdóname, he
dicho con los dedos, creo que son estas fechas que me ponen un poco ñoña… lo
decía mirando de reojo las luces de Navidad de esa calle que para mí es el
corazón de Madrid, el de mi propio pasado no vivido… esa que me gusta recorrer
en coche de noche… la única que me recuerda que Madrid siempre late como lo
hacen todos sus habitantes… a pesar de los tumultos, a pesar del tráfico… a
pesar de los miedos y de muchas otras cosas…
Me he comprado unos pantalones naranjas, confesé
compartiendo insomnio, necesitaba verme mona… lo sé, me contestaron… extraño
clan este de las mujeres… todas reaccionamos parecido… sigo mirando esos lunares
que me dicen que tengo una deuda pendiente con esa que era yo hasta que el
miedo se me escapó… suspiro… a mí las heridas de la vida me han enseñado a
vivir el presente, se me coló en las retinas recordándome lo importante que es
este viaje… uno sólo con billete de ida… uno en el que lo importante, al llegar a la estación, es bajarse del tren habiendo sabido ganarle al miedo... tan sólo habiendo vivido...
martes, 20 de diciembre de 2011
Tiemblo...
sin saber por qué, sin tener frío…
tiemblo sin tener un motivo…
le he apagado los faroles al barco pirata…
sólo suenan estas teclas…
tiemblo, aunque no sepa por qué…
lo que soy no se está quieto…
lo que tengo dentro de eso que soy tampoco…
la cabeza me va a mil revoluciones por minuto…
mi cuerpo se mueve bastante más despacio…
pero tiemblo…
pensando en esas palabras que, de pronto, han perdido parte
de su encanto…
creo que tiemblo por lealtad y por falta de ella…
por las medias verdades y las medio mentiras…
por los secretos…
creo que tiemblo por muchas heridas de mi vida…
esas que me han dejado cicatriz…
las heridas grandes, las más diminutas…
tiemblo porque esta vida consiste en vivir…
en sentir, en temblar al hacerlo…
masticando cada emoción…
sorbiéndonos cada lágrima…
creo que me hago mayor, pienso temblando…
soy más consciente de que falta magia a veces…
de que sobran sonrisas…
todo cambia, día tras día…
cambios imperceptibles que, a la vez, lo hacen todo distinto…
tiemblo al pensar que nos faltan verdades…
valor para saberlas, ser fuerte para enfrentarlas…
tiemblo sabiendo a qué saben esos momentos…
acabando de tragar su sabor para hacer la digestión…
me miro las manos sobre el teclado…
tiemblan…
tiemblan como lo hace el resto de mí…
sin poder detenerse…
tienes frío, me pregunta mi madre…
tranquila mamá, a veces tiemblo…
preferí no decirle que siempre que tengo miedo lo hago…
Foto | Van al Aire
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Sonrisas de cartón, mordiscos de marfil...
Sonreía…
parecía como siempre, algo era distinto…
parecía como siempre, algo era distinto…
sonreía de mentira aunque parecía de verdad…
una sonrisa de cartón…
impuesta por un guión…
orquestada al ritmo de la simulación de un extraño vals…
me guardé la sonrisa en el bolsillo…
no teniéndola muy en cuenta a pesar de todo…
tratando de no tropezar en esos pasos de baile que tenía que
bailar…
Sonreí…
esforzándome en un gesto que no lograba perfeccionar…
sonriendo de mentira, dejando ver que lo era…
fingía por seguir bailando la danza marcada…
sin ver las sombras, sin hacer caso de los susurros…
una sonrisa de cartón…
una que, a pesar de todo, no pude hacer mejor…
recordando muchas otras que no lo fueron…
mordiscos de marfil que regalé…
Sonreía…
por ese extraño cariño que crean otros por nosotros…
acusándome de tener una sonrisa bonita…
haciéndolo con una naturalidad sin avales ni letra pequeña…
no había cartón, sólo marfil…
una extraña química que sí reacciona…
que lo hace sin pasado que lo avale, sólo por instinto…
sin predefinirlo ni imponiéndolo…
dejándolo libre de ser o no ser…
Sonreí…
viendo sonrisas ajenas…
una conocida pese a ser distinta a todas las anteriores…
otra azucaradamente desconocida que pronto cambió de
etiqueta…
sin guión…
sólo dejándose llevar por esas peculiares cosas que tiene la
vida…
esas en las que el marfil supone una caricia…
una que parece no haber sido nunca sentida…
sonreían de verdad y parecía más que de verdad…
sin cartón, con besos…
con las ganas de, simplemente, sonreír…
Me quedo los mordiscos de marfil… los que me han acariciado,
con los que acaricio… me quedo con las sonrisas de verdad, las que pinta esa
extraña felicidad que se expresa pintando ese gesto en la cara… esas en las que
los marfiles nos acarician el alma o nos besan los labios… esas que se sienten
como calor, como cariño… como libertad…
Las auténticas… sin trampa ni cartón, sin bailes que bailar…
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Putas y periodistas, periodistas y putas...
Me llegó por privado en ese mundo azul que no existe… no sé
por qué me da, me decía ese buen amigo que compartió conmigo una República
Independiente gobernada por ambos, pero creo que secundarás este post… sonreí
al leerlo pensando en cuántas veces había comentado esa misma asociación de
palabras… putas y periodistas, periodistas y putas… todavía recuerdo la cara de
horror de mi padre la primera vez que se lo dije… somos putas papá, le decía
muy convencida, hacemos lo que nos pide un cliente… hay que chuparla así sea en
sentido figurado para poder trabajar, he dicho muchas veces, y hasta dejarse pagar
mal poder firmar en alguna parte… hoy, años más tarde, esta asociación resulta
haberse convertido en una auténtica alianza que le ha dado la vuelta a Internet
y a ese otro mundo imaginario a golpe de piada de pájaro… con la etiqueta de
“gratisnotrabajo”, España entera y sus informativos le han dado eco a ese
extraño matrimonio… putas y periodistas, periodistas y putas… el mismo gremio a
pesar de las diferencias… el mismo servilismo a un sistema, a un capital… a
tener nuestro hueco de papel como una puta se trabajó su pedazo de calle… a
defender eso que sabemos como ellas defienden a sus clientes… rindiéndonos,
ellas y nosotros, a lo que nos piden… a aquello que desea el que paga, a
aquello que dicta quién nos da de malcomer y al que todavía tenemos que estarle
agradecidos por habernos elegido… llevamos más ropa, pasamos incluso menos
frío… pero como putas que somos, empezamos la noche sonriendo para volver a
casa más solos de lo que salimos…
Lo más curioso es que esa simbiosis que de golpe ha sacudido la red –hasta el punto de encontrar un eco en los informativos- hace alusión a una frase de Cela… como las putas, decía esa ilustre pluma desaparecida que no tenía pelos en la lengua, podemos joder a capricho pero nunca bajamos los precios… me río tan sólo de pensarlo… de pensar que esa gran frase de Cela no se corresponde ni con las putas ni con los periodistas… nos quitarnos cada vez más ropa, enseñamos piel a cambio de cada vez menos… sólo por el hecho de poder trabajar, de poder firmar… de poder aparecer con ese nombre de cada uno que, al final, es lo que nos da de comer… lo que tú haces lo puede hacer cualquiera, he escuchado decir muchas veces cuando trato de defender que esta profesión más allá de ser un oficio conlleva un gran acto de responsabilidad… no todas la chupan igual, digo cuando ya me molestan comparando eso que hacemos quiénes creemos en el Periodismo con mayúscula con personajes como Belén Esteban… quizás el mayor grado de prostitución de este oficio sea precisamente encender la tele… ver cómo las cadenas se han convertido en burdeles de las palabras sin necesidad de que el alto standing se les cuelgue precisamente como etiqueta… asisto avergonzada muchas veces desde el sofá de mi casa a eso que hemos creado, a ese monstruo que es hacer un zapping y descubrir que eso es lo que consumimos… lo que demandamos… venden los polvos ajenos, los chillidos en un plató… las faltas de respeto… no sé quién fue antes, si la gallina o el huevo… si esa programación existe porque la demandamos o bien ha llegado un punto de tal aleccionamiento que no entendemos la caja más tonta que nunca de otra manera…
Periodistas y putas, sonrío pensándolo, putas y periodistas…
supongo que, a pesar de ese revuelo que se ha formado de golpe gracias a una etiqueta
de twitter, seguiremos comparándonos y sufriendo esa falta de respeto constante
que suponen muchas cosas del día a día en nuestra profesión… esas convocatorias
a una rueda de prensa en las que no están admitidas las preguntas, esas salidas
de tono de personajes como Bebe que se permite el lujo de decir un “que os
follen bien” al terminar su intervención… esas 800 palabras pagadas al mismo
precio que un giro de muñeca para hacer un café en cualquier bar de este país…
ese robo de artículos por descuido o imposición del que tienes por encima en la
cadena de mando… ese quitarle brillo a una profesión que, ya de por sí, está
llena de sombras…
Me voy a menear mi bolso a la misma esquina, a seguir
haciendo la calle… a seguir buscando clientes, a seguir esperando ese que me
saque de la acera… lo haré sin vender mi alma, sin quitarle glamour a una
cuidada desnudez… defendiendo una profesión a pesar de esos que se llaman a
veces profesionales… y sabiendo que, como ellas, nos merecemos dignidad…
Foto | Daquella Manera
domingo, 20 de noviembre de 2011
Dormíamos, despertamos... ¿despertamos?
Suenan las sirenas de policía en Madrid… lo hacen por
segunda noche consecutiva, no he logrado saber a qué se deben… pensé que era
por Sol, decía en ese muro que no existe, pero San Twitter dice que hay 30
personas… sonrío… en esta última noche pre-electoral, me veo recurriendo a esa
comunidad virtual de opiniones para saber la realidad… curioso… no tengo
ambiente de elecciones, creo que por el descrédito absoluto que me merece eso
que hemos bautizado como Democracia antes incluso de parirla… no he leído
encuestas, no quiero pensar en eso que se llama “mayoría absoluta” y que a mí
no deja de parecerme una mala solución… no siento el hormigueo de saber qué va
a suceder, no creo en confiarse en lo que supuestamente va a suceder…
Podría decir que me da lo mismo lo que suceda mañana, pero
mentiría… podría decir que me he molestado en leer programas políticos, pero
faltaría a la verdad… creo que, por primera vez en toda mi vida de votante,
siento la mayor de las desidias en ir mañana hasta esa urna que no va a
solucionarme la vida… he dejado de creer, quizás sea eso, en esos montones de
hojas ordenados que prometen nombres y nunca cumplen soluciones… he dejado de
confiar en quiénes aseguran velar por la ciudadanía, por el bien común… por un
futuro anclado en reprocharse el pasado… por esa falta de clase política en la
que un debate se convierte en una pelea de gallos, en la que ese acto seguido
por una nación que agoniza económicamente cuesta una millonada que me resulta
absolutamente inmoral… una que, lejos de servir para nada, sería sumamente útil
para muchas otras cosas… suspiro… en este 20-N que ya ha llegado, no siento esa
democracia que sólo puede escribirse en letras minúsculas y que a algunos les
llena el pecho… no siento que mi vida vaya a cambiar a partir de mañana… no
siento que esa prima de riesgo familia de los mercados varíe esa amenazante
escala que no sé interpretar… lo siento, soy de letras… lo mío son las palabras
y, por desgracia, ni siquiera con ellas me han convencido de a quién votar…
Una noche me desperté en Sol… en ese sentimiento de
indignación al que me sumo a pesar de no compartir muchas cosas… a pesar de
sentir que, incluso ese sentir popular, ha defraudado en gran medida las
expectativas de ciudadanos como yo que vieron en esa toma del corazón de Madrid
un símbolo de resistencia… uno de levantarse, de quejarse… de no ser esa
generación dormida a la que tanto se critica, de ejercer nuestro poder de
decisión y de elección buscando un mañana que empieza hoy… y, sin embargo, he
sentido la apatía de muchos hablando de no votar… de no ejercer ese derecho y
obligación que sólo da la democracia de decidir… de elegir… de participar
activamente de un país construido entre todos a pesar de quienes nos gobiernan,
a pesar de quienes tratan de manejarnos sin contar con nosotros ni nuestras
realidades…
Mañana por la noche espero volver a despertarme en Sol…
espero despertarme en un país en el que, gane quien gane, lo haga para
solucionar pensando en todos y no sólo en unos pocos… en un país en el que no
haya colores, en el que votemos haciéndole caso a la razón y dejando dormidas
las tripas… uno en el que ese que ostenta el enorme privilegio de
representarnos a todos sea honesto con su papel…
Un país en el que la palabra democracia pueda escribirse con
letra mayúscula y con pulso firme… uno en el que no nos tiemblen las rodillas
ni nadie nos coma los sueños de vivir…
Foto | Juan Sánchez
Foto | Juan Sánchez
Etiquetas:
Política
martes, 15 de noviembre de 2011
Pedir y dar...
Me pidieron franqueza... la regalé porque me sobra, porque creo en la honestidad de decir las cosas que uno piensa cuando se le consulta por ellas...
Me pidieron opinión... la di, como hago siempre, con esa prudencia de no contarla entera... con la carta blanca de hacerlo bajo petición...
Me pidieron ayuda... la derramé hasta dónde pude, hasta dónde ya no me llegaban los brazos para abarcar más... preocupada incluso por encima de mí, preocupada incluso cuando el "tu" no está entre las preocupaciones de otro...
Me pidieron respeto... lo di como sólo se da de verdad, haciéndolo partícipe a quien lo solicita sin hacerlo... sin necesidad de tener que hacerlo... sólo porque entiendo que es la manera de hacer...
Me pidieron silencio... accedí a él a pesar de necesitar oír palabras, a pesar de sentir ese extraño hormigueo en el estómago que me producen los nervios...
Me pidieron lealtad... una para sentir más fuerza, una para sentir menos miedo... una que ayudara incluso a tapar esos agujeros oscuros que existen en la biografía de todos...
Me pidieron entender... a pesar de no hacerlo, a pesar de no compartir decisiones que no me competen... unas que pertenecen a otra vida, unas que nunca he puesto en tela de juicio...
Y, de pronto, me dieron la espalda...
me cubrieron con reproches a mi franqueza...
me acusaron de esas opiniones que di sólo porque creo que la felicidad no es una angustia constante...
tiraron mi ayuda a la basura, como el que se desprende de algo usado... de algo que ya no sirve...
cuestionaron mi respeto... uno que tuve que abanderar durante muchas charlas como si creyera firmemente en él... a pesar de tener poca fe, a pesar de no compartirlo...
me bañaron en silencio... en uno cobarde escondido detrás de una pantalla, en uno sesgado por una realidad elegida que sólo callada podía ser compartida...
pisotearon mi lealtad... esa que sentía como algo natural y que, ahora, me parece un regalo demasiado grande en unas manos que ya no conozco...
y lograron que no entendiera nada... que, por segunda o tercera vez en mi vida, fuera incapaz de encontrarle un argumento lógico a una situación que se me escapa de la mente... de esa que siempre intenta entender, de esa que siempre busca un equilibrio entre la duda y la razón...
Me pidieron... para dejarme en mitad de un camino con una gran dosis de decepción y una mayor de pena...
Pedí... saber, apaciguar... calmar ese interrogante en el que se me hace difícil vivir...
Di... para creer en esta noche que, quizás, tenía que haber guardado algo para mí...
Y me dieron... palabras huecas, apenas unas líneas desconocidas en las que sólo supe reconocer algo...
Aunque no queramos, no todo es pedir...
Y, aunque no sepamos, a veces hay que saber dejar de dar...
Me pidieron opinión... la di, como hago siempre, con esa prudencia de no contarla entera... con la carta blanca de hacerlo bajo petición...
Me pidieron ayuda... la derramé hasta dónde pude, hasta dónde ya no me llegaban los brazos para abarcar más... preocupada incluso por encima de mí, preocupada incluso cuando el "tu" no está entre las preocupaciones de otro...
Me pidieron respeto... lo di como sólo se da de verdad, haciéndolo partícipe a quien lo solicita sin hacerlo... sin necesidad de tener que hacerlo... sólo porque entiendo que es la manera de hacer...
Me pidieron silencio... accedí a él a pesar de necesitar oír palabras, a pesar de sentir ese extraño hormigueo en el estómago que me producen los nervios...
Me pidieron lealtad... una para sentir más fuerza, una para sentir menos miedo... una que ayudara incluso a tapar esos agujeros oscuros que existen en la biografía de todos...
Me pidieron entender... a pesar de no hacerlo, a pesar de no compartir decisiones que no me competen... unas que pertenecen a otra vida, unas que nunca he puesto en tela de juicio...
Y, de pronto, me dieron la espalda...
me cubrieron con reproches a mi franqueza...
me acusaron de esas opiniones que di sólo porque creo que la felicidad no es una angustia constante...
tiraron mi ayuda a la basura, como el que se desprende de algo usado... de algo que ya no sirve...
cuestionaron mi respeto... uno que tuve que abanderar durante muchas charlas como si creyera firmemente en él... a pesar de tener poca fe, a pesar de no compartirlo...
me bañaron en silencio... en uno cobarde escondido detrás de una pantalla, en uno sesgado por una realidad elegida que sólo callada podía ser compartida...
pisotearon mi lealtad... esa que sentía como algo natural y que, ahora, me parece un regalo demasiado grande en unas manos que ya no conozco...
y lograron que no entendiera nada... que, por segunda o tercera vez en mi vida, fuera incapaz de encontrarle un argumento lógico a una situación que se me escapa de la mente... de esa que siempre intenta entender, de esa que siempre busca un equilibrio entre la duda y la razón...
Me pidieron... para dejarme en mitad de un camino con una gran dosis de decepción y una mayor de pena...
Pedí... saber, apaciguar... calmar ese interrogante en el que se me hace difícil vivir...
Di... para creer en esta noche que, quizás, tenía que haber guardado algo para mí...
Y me dieron... palabras huecas, apenas unas líneas desconocidas en las que sólo supe reconocer algo...
Aunque no queramos, no todo es pedir...
Y, aunque no sepamos, a veces hay que saber dejar de dar...
lunes, 14 de noviembre de 2011
Cuando me soltaron una mano...
Este es el secreto, dijo el zorro, sólo se ve bien con el corazón... lo esencial es invisible a los ojos...
Lo esencial es invisible a los ojos, repitió el Principito...
Eres responsable para siempre de lo que has domesticado, dijo el zorro...
El Principito, Antonine de Saint Exupery
Durante muchos años de mi vida, utilicé cada una de mis
manos para agarrar fuerte otra… para transmitir ese pequeño gesto de protección
que a uno le inculcan en la infancia… no la sueltes, decía mi madre antes de
salir de casa… antes de abandonar ese jardín que para nosotras era un auténtico
universo de comidas hechas con barro, carreras de carretillas y juegos de
pistas… de una manera natural, ese singular de agarrar una mano se convirtió en
un plural… no las sueltes, decía mi madre siempre que salíamos de casa… yo, la
más mayor de las tres… yo, la supuestamente más responsable de las tres y con fama de valiente… yo, la que se hacía
cargo de dos niñas… de una hermana propia y de otra que, a falta de otros
hermanos, me tenía a mí… reconozco que nunca me supuso un problema a pesar de
esas rencillas infantiles de los años de diferencia… a pesar de los juegos
prohibidos para las menores, a pesar de ese ritmo imparable que supone crecer…
era la perfecta defensora cuando pasaban las vacas, la que nunca tenía miedo de
los mastines de las ovejas… la que defendía a dos niñas igual que yo pero con
menos años de todas esas cosas que suponían un miedo para ellas…
Crecimos y, con los años, seguí llevándolas de las manos…
las vacas seguían asustando, los perros ya no parecían tan grandes… en el
camino de hacernos mayores, compartimos miedos y secretos… compartimos
ilusiones y lágrimas… seguimos yendo de las manos como si las mías supusieran una columna vertebral… sujetando el peso de esas extremidades que tenían sus
propias piernas como parte de mi existencia… más allá del jardín, los problemas
eran mayores… nos rompieron el corazón, dudamos… supimos a qué sabe la
decepción, a qué el engaño… a qué ese daño tremendo que te deja a veces la vida
con cada página del calendario… pero seguimos yendo de la mano, seguimos
caminando el mismo camino que siempre habíamos hecho… sin juicios, sin
moralinas… sabiendo que esas dos prolongaciones de mis brazos formaban de
alguna manera parte de esa responsabilidad que aprendí en la infancia… de una
que asumí aún cuando no me la pidieron como parte de lo que soy y de a dónde me
lleva mi propia vida… elegí que fueran mis compañeras de viaje, con un billete
sin paradas ni trasbordos… a pesar de no entendernos a veces, a pesar de sentir
distinto… a pesar de todos esos pesares que, pese a pesar, a mí me seguían
sujetando las manos cerradas alrededor de otras…
Esta noche, sin embargo, se me han escurrido los dedos de
una de las manos… he dejado de sentir ese calor, he dejado de notar ese peso
que he llevado durante mucho tiempo como parte de mi propia vida… como parte de
mi propia manera de entenderla… me la han soltado de golpe... pregunto sin respuesta, escucho y sólo hay
silencio… noto libre una mano, una que antes alguien me apretaba con fuerza…
pasajeros al tren, oigo desde mi propio andén… quizás se apeó en el camino o
quizás, simplemente, decidió olvidar que ese tren nunca se retrasaría… que
nunca dejaría de aparecer en la estación cuando lo necesitara… si hubiera
cambiado su recorrido para sentir más libertad, me digo, no sentiría esa falta
de movilidad en los dedos… ese entumecimiento súbito que se me ha calado en los
músculos y en el alma… recordé a ese zorro de "El Principito"... para qué me has domesticado, decía ese personaje... esta noche, me pregunto algo muy parecido...
Con una mano libre, seguí sujetando la otra… como siempre lo
he hecho, como me atrevo a decir que siempre lo haré… seguimos el viaje, me
preguntó la dueña única de ese pedazo de mi cuerpo… asentí… dejando atrás todo
ese viaje ya andado, sintiendo la extraña sensación del vacío dónde antes había
mucho más…
Foto | Maricha Martínez
domingo, 13 de noviembre de 2011
La sorpresa de una tarde en el Mercadona
Resulta curioso comprobar cómo un lugar tan estéril como
puede ser un Mercadona puede ser motivo de una de esas cosas que pasan para
hacerte un poco más feliz… paseaba entre
los viales haciendo lo que más me gusta, buscar el mejor precio… reconozco que
encuentro un pequeño placer en llegar a la línea de caja con muchas cosas y
pagar poco dinero… en mitad de esta gynkana mía de encontrar ofertas, sucedió
algo que cambió esa tarde de compras… algo que, además, cambió una parte de mi
nueva vida… no diré una pequeña victoria, quizás sí una mínima conquista…
sonrío… esta vida es curiosa, pienso, y a veces mucho más sencilla de lo que
nos creemos…
Fue de la manera más fortuita como decidí llegar al pasillo
de la limpieza… uno de los que más me gustan… flipo con la cantidad de
estropajos, con los colores de los envases… a veces, los miro como si fuera una
niña chica… medio agilipollada por los dibujos, fascinada con ellos… iba
lanzada a vivir ese momento infantil del que disfruto desde que tengo uso de
razón cuando de pronto me encontré con dos ojos… dos que nunca había visto
antes, dos en una cara que había visto muchas veces… que había encontrado en un
extraño silencio, en un respetuoso no presentarnos mutuamente porque ambos
sabíamos quiénes éramos… a pesar de que nunca le hubiera visto los ojos, a
pesar de que nunca le hubiera dirigido una palabra… qué pasa guapa, me dijo con
una naturalidad asombrosa mientras se acercaba hacia mí… me puse nerviosa, lo
reconozco… ese tenso silencio sin miradas de pronto se había convertido en una
sonrisa… en una frase entonada como si lo hubiera hecho muchas otras veces,
como si ese respeto mutuo de no hablar el uno con el otro nunca hubiera
existido… no sabía que currabas aquí, dije torpemente después de que me diera
dos besos… procesando que había pasado la raya de mitad de un campo que,
quizás, era absolutamente neutral para los dos… algo tan peculiar como un
supermercado, algo tan público y a la vez tan anónimo…
Empezamos a hablar como si lo hubiéramos hecho siempre… tío no
te mueres aquí de frío, le pregunté mientras me daba un escalofrío… creo que no
se me ocurrió nada más ocurrente que decir… bromeamos sobre ello, sonreímos…
dónde anda Fito, me preguntó mientras acababa de colocar unas cajas… ahora voy
a recogerle, le contesté con la misma aparente confianza que habíamos cosechado
en una conversación de apenas tres minutos… nos despedimos… él tenía que seguir
currando, yo tenía que terminar de hacer la compra… seguí con mi paseo por los
viales pensando en esa conversación natural entre dos desconocidos conocidos…
sonreía… disfrutando una curiosa sensación de normalidad… de una que, en una
tarde, había cambiado pequeñas cosas… comprobando que el contacto visual,
escribí in-situ en mi estado del Facebook, acerca a las personas… quizás nadie
entendería lo que puse pero, en cierta manera, necesitaba decirlo… quizás para
quitarme una piedra más del zapato, para aligerar un poco esa mochila de
respetos y consideraciones que a veces nos auto-imponemos como dogma… sonreía a
esos pequeños guiños que te da la vida para hacerte sentir bien, para rozar una
sensación de placentera paz con respecto a algunos fantasmas…
Le he encontrado en el Mercadona, contaba sólo un par de
horas más tarde en una ferretería… lo hacía con una gran pizca de ilusión, con
una sonrisa ladeada de esas que se quedan a veces en la cara para recordarte
ese buen rollo durante un ratito… contando esa conversación breve, ese
tijeretazo al silencio que había abierto la veda de las palabras… sonrío… lo mejor
fue que ese alguien dibujó esa misma sonrisa… sintiendo también una
piedra menos en su zapato, notando una pequeña tirita…
Mola, escuché decir… sí, sonreí mientras pagábamos en la
ferretería, mola…
jueves, 10 de noviembre de 2011
El día que me concedieron un premio de Periodismo
Cómo son las cosas, me digo muerta de risa, hoy me conceden
un premio de Periodismo y soy incapaz de escribir… me tengo que descojonar…
llevo casi dos horas delante de esta pantalla tratando de contar eso que ha
hecho que hoy, diez de noviembre, el alma me haya pegado un bote dentro… uno
que, de primeras, no he sabido encajar… me han dado un premio, le decía a mi
madre en directo mientras se lo leía a mi padre por teléfono… he tenido que
leer tres veces ese mail que, de primeras, no entendía lo que decía… un premio,
repetía constantemente sin saber muy bien si reírme o llorar… he hecho las dos
cosas, tengo que confesarlo... animada por mi madre, animada por ese orgullo
tan bonito que sentía a pesar de tener el coco en estado de shock…
Hoy, diez de noviembre, soy incapaz de explicar lo que
siento… de describirlo, de escribirlo
aquí ni en ninguna parte… no es un acto de egoísmo, sólo uno de auténtico
bloqueo… un premio, pienso… suspiro… eso que dicen se da en reconocimiento a
algo, eso que a mí me han regalado por “respetar el rigor, la veracidad y la
imparcialidad”… me emociono al pensarlo de la manera más tonta de todas… creo
que, como periodista, ese triunvirato de motivos son el reto de lo que hacemos…
he tenido que buscar nada más llegar a casa ese artículo seleccionado con el
vértigo de saber que un jurado lo ha considerado el mejor escrito a lo largo de
un año… el mejor de la prensa escrita española… escribir, escrito… eso que es
lo único que sé hacer de verdad y que, esta noche, se me antoja imposible… esta
tarde noche he sentido el orgullo de mis padres y de los míos… he sentido que a
esos padres -de profesión padres- que tengo se les ha alegrado el alma casi
tanto como a mí, que se les ha hinchado el pecho de emoción… sonrío… me han
acompañado en esta profesión más como salvavidas que como compañeros… quizás
hoy, ese papel que tienen que darme vale por todos los años que han tenido que
aguantar el “tengo que escribir”…
Podría decir que tengo el atrezzo perfecto en este barco
pirata que hoy siente haber encontrado una pequeña isla del tesoro… una que,
sin ser quizás un premio de esos de los que todos hablan, para mí hoy es el
mejor premio del mundo… uno que llega a mi vida en un momento en el que esta
lucha que supone la profesión empezaba a levantarme alguna herida… te lo
mereces sobre todo por eso, me ha dicho la rubia por teléfono, por lo que has
peleado y por lo mal que lo has pasado… sonreí llorando cuando esa princesa del
País de las Bragas me dijo lo mismo… reconozco que, de alguna manera, me ha aliviado
el alma saber que no he perdido tanto el tiempo… que ese empeño por vivir
escribiendo ha tenido hoy su pequeña caricia conmigo… he llorado mucho de
emoción… de una propia y de otra compartida sintiendo que hoy los kilómetros me
han pesado más que otros días, que ojalá se hubieran podido reducir a nada para
sentir un abrazo muy deseado de alguien que compartía esa congoja de no querer
llorar pero hacerlo a pesar de todo… he sentido el orgullo de los demás, he
sentido el increíble bálsamo que supone leer esa palabra de siete letras
conjugada… primero una amiga de esas de siempre que te acompaña en el camino,
después de muchas más que han querido decírmelo… no te rindas, me ha dicho ese
que fue compañero en una agencia que marcó mi vida y que ha sido el motivo de
que la organización del premio me encontrara…
Esta noche no soy genial ni puedo escribir nada que merezca
un premio… sólo puedo decir que estoy viviendo unas horas de calor infinito… de
uno creado a golpe de sonrisas de los míos, de palabras de ánimo… de un “eso no lo consigue cualquiera” dicho por ese
hermano que no lo es desde el otro lado del Atlántico, un amigo al que le paso
las propuestas que me surgen para su revisión porque le sigo considerando una
referencia… he oído decirme un “te lo mereces”
y un “todo llega” que me han sorprendido… no peco de humilde, lo aseguro… supongo que, simplemente, he descubierto que
todos esos que me quieren tienen una fe en mí que supera la mía… este día diez de noviembre pasará a
mi propio glosario personal de fechas a pesar de estarlo ya, lo hará con una
lectura distinta… me han dado un premio, no puedo parar todavía de repetir…
supongo que, porque todavía trato de entender lo que significa esa frase, no
puedo escribir nada más…
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